lunes, 5 de octubre de 2015

Las mujeres que odiaban a las mujeres.

"Cuando las mujeres estén en igual posición, podrán negociar. 
Y cuando eso suceda, no limpiarán más que los hombres."

Llevo un curso que se llama Género y Trabajo. Del Grado de Derecho solo llevo un curso y ando más que feliz, como es obvio. Te cuento cómo fue el día en que la profesora soltó esa frase que, aunque parezca bastante simple, a mí me pareció muy descriptiva. 

Una de las preguntas que sigo recordando desde la primera clase fue acerca de las cuotas femeninas para la oferta de puestos de trabajo. ¿En favor o en contra? En contra, los puestos deben asignarse de acuerdo a las capacidades y no al sexo. Punto final. Hasta que ella dijo que estaba a favor. Nos contó que realmente en la actualidad siguen existiendo desigualdades que impiden que hombres y mujeres estén en la misma posición al aplicar a un trabajo. En ese sentido, las cuotas deberían existir porque en la realidad no se evalúa el posible desempeño. No porque sea lo correcto per se sino como medida de transición. Ya sabes, como hasta que el mundo sea un mejor lugar para vivir. Que mujeres y hombres sean iguales de verdad y no solo como aspiración...

Bastante realista la mujer, me encantó. A pesar de que en los primeros minutos de conocerla solo podía pensar en una profesora de mi facultad a la que le dicen "feminazi". Pero yo creo que ella no es feminazi, ella cree en la igualdad. Es simplemente feminista. Su clase es una de las mejores a mi parecer. No se limita a explicarte cómo debe aplicarse una norma sino el por qué de su existencia y si deberíamos tenerla vigente. Liked it.

Bueno, comenzó a contarnos que apareció una venta de polos para bebés en una tienda grande. "Linda como mamá", "Inteligente como papá". Bravo, empresa. You're doing it SO GREAT. En fin, todos claramente nos dimos cuenta de que había algo mal ahí. Rosado y azul. Mujer linda, hombre inteligente. Sí... definitivamente hay algo mal ahí. Todos estuvimos de acuerdo en que se había mostrado un rol específico para cada persona. Una característica que parece intrínseca y que define. Alguien levantó su mano diciendo que no puede culparse a la empresa, ellos no tenían la intención de ofender a alguien. Eso es cierto. Pero lo que analizábamos no era la intención de quienes pensaron que era una magnífica idea colocar estas frases sino el por qué de la situación. Era obvio que era simplemente una exteriorización de un pensamiento difundido en la sociedad. Ni siquiera se pudieron dar cuenta de que estaba mal encasillar a alguien así porque bueno, no se suele considerar mal si no lo piensas dos veces. Las mujeres son bonitas y los hombres, inteligentes. Pero también los hombres son bonitos y las mujeres, inteligentes. Y mucho cada uno de ellos.

Las participaciones se dirigieron a tratar de explicar por qué este pensamiento sigue presente. Aunque existen excepciones ya que los tiempos han cambiado no podemos generalizar. No es completamente cierto que ahora los hombres le dedican igual tiempo a la casa sino créeme no existiría aquello que llaman la doble jornada de la mujer. Un compañero se animó a contarnos cómo es que su abuela siempre le había casi prohibido que realice alguna labor del hogar. Era el nieto consentido y la clase debía saberlo. Ay, cómo me encantan esas clases en donde uno puede hacer terapia jajaja Bueno. Básicamente ella era la culpable de que en su familia se siga pensando que la mujer es para la casa y el hombre, para disfrutar de las atenciones de la mujer. Eran otros tiempos de crianza, yo no culpo a la pobre abuela. 

Y continuó. 
¿Sabe? Son las mujeres las que básicamente perpetúan que se crea lo que estamos criticando. Ellas son las  que se dedican a la casa y malcrían a los hijos. Claro, yo no soy así. Apoyaré a mi esposa en las labores (¿Alguien más se da cuenta de que no es un apoyo? Se hacen las cosas porque es la casa de uno). Nosotros somos iguales. La profesora lo miraba y sonreía. Y sonreía. Hasta que ya no aguantó y le preguntó por qué culpaba a las víctimas. En términos de poder, es cierto que la mujer se ha encontrado en una posición inferior a la del hombre. Quien tiene el poder, no quiere soltarlo y demás, cosas de seres humanos. No hay negociación ni nada, ¿igualdad? ¿qué es eso?. 

Bueno, ¡es que son las culpables! Creo que ése fue el momento en que mi estima hacia él incrementó hasta niveles estratosféricos y cada segundo que seguía hablando aumentaba exponencialmente. Well done, mi amigo. Yo ya iba a levantar mi mano para decirle que pare pero vi que algunas muchachas querían hablar así que recobré la fe en la humanidad. Qué equivocada estaba. Las chicas dijeron que era cierto. Las mujeres somos las que hacemos que se siga con eso. Las mujeres y sus ganas insaciables de ser consideradas inferiores. ¡Mujeres, paren ya! Cómo le gusta el golpe a la mujer. 

Lo peor es que a pesar de que la profesora les preguntó por qué seguían diciendo que en el ámbito familiar era solo culpa de la mujer y no de ambos padres o de los miembros en sí, no la captaron. Nope. Siguieron diciendo que era la mujer, y la mujer y la mujer. Yo seguía impactada. Miraba a la profesora y sonreía. Eran las mismas chicas que hace un par de minutos estaban completamente de acuerdo en que existe una obvia desigualdad y que no era posible que continuara. 

"Voy a hacer una película: Las mujeres que odiaban a las mujeres."- dijo ella.
Y no la captaron.

Pero bueno, es bastante obvio que es un tema en el que debe trabajarse. No se trata de buscar al culpable sino de acabar con la desigualdad de género. Según las estadísticas que nos mostró, sí hay lugares en donde el promedio de horas dedicadas al hogar es igual en hombres y mujeres. Son lugares extremadamente alejados de mi país, claro está. Pero espero que algún día no sea solo un par de países sino que ni siquiera sea necesario tocar el tema. Un día en donde sea realmente historia que alguna vez la mujer se vio disminuida.

Me gustaría que mis hijas, si las tengo, no escojan el rosado porque es de niñas sino porque les gusta si es que así pasa. Que puedan decidir si prefieren armar aviones o jugar tenis. Quisiera que hagan en la vida lo que más les agrade hacer. Que trabajen en algo que realmente les apasiona y que transmitan a sus hijos, si es que los tienen, que tienen la libertad de ser quienes les dé la gana ser y pueden ser felices viviendo así en este mundo. Y me gustaría que mis hijos pensaran igual.





¡Sevilla!

*Otro de hace días que no terminé pero yastá.*

Hace dos semanas he llegado a Sevilla.
Es una ciudad hermosa, realmente hermosa. Me encantan sus calles, sus monumentos, sus museos, todo. Bueno, eso es el centro. Donde yo vivo es otra cosa jajaja Pero mi piso es bastante bueno en comparación con otros y por el precio que estoy pagando está mejor que bien.

Quiero contarte que no te arrepientes ni un solo segundo en haber venido. Sé que andabas un poco loca con el tema de hacer este intercambio en particular. Ya sabes, qué universidad es, qué ciudad es, el tiempo en que iba a pasar, la mudanza y demás cosas que no has tenido presente desde que pusiste un pie en el avión.

Adiós mamá! Papá! Familiaaaa!!! Porque como era de esperarse, fue todo un ejército a despedirte. Despedirte por centésima vez. El adiós fue bastante rápido y sin llanto de parte tuya. No sé por qué realmente. No estaba feliz, eso lo sé. Era una mezcla de sentimientos: ansiedad, miedo, alegría, tristeza, no sé. No lo sé porque ahora que lo recuerdo estaba bastante tranquila. Supongo que la suma de todos hizo que finalmente mi cuerpo decidiera simplemente asimilarlo de la forma más relajada posible. Estaba sola. Sola en ese aeropuerto esperando que podamos abordar. Sentada disfrutando de los últimos minutos de internet en mi país. Eso hace más de dos semanas. Adiós gente, me largo a España. Deséenme suerte. Mucha, por favor. Ay, señor. ¿En qué me he metido? Para adelante nomás. Apúrate hija, avanza.

De ahí en adelante todo han sido alegrías. Hice una hermosísima escala en México. Almorcé con mi familia en el aeropuerto. No los veía hace bastante. Los amo, son lindísimas personas. Me trataron como si nos conociéramos desde siempre pero los he visto pocas veces en mi vida. Tanto así que despedirme de ellos fue bastante difícil. Fueron los abrazos más fuertes que he dado desde que salí de Lima. Fue bonito y triste, no lo sé. No pude contenerme y lloré. Para suerte mía, el másquegentil guardia me confortó antes de tener que subir al avión de nuevo.

Ando feliz. En serio. Casi todos los días conozco a nuevas personas de diferentes países, me encanta. Ya estoy viendo a dónde podría viajar. De por sí, ya la idea me encanta. Así quiero vivir: despeinada y viajando. Recuérdalo Claudia. Pobre de ti que luego no lo cumplas, ahorra mujer. Ahorra que es progreso.

Desde el primer día hasta hoy ha sido maravilloso. Estás haciendo justo lo que te dijeron que no hagas. No confíes en nadie. El primer día fuiste a conocer Sevilla con dos extraños que encontraste en el tren. Bravo, Claudia. En serio, ¡bravo! Excelente porque el primer día no te sentiste sola ni por un segundo y fue muy divertido caminar con estos chicos. Se quieren un montón, me hicieron recordar a Male y Leticia. Se comprenden, bromean entre ellos, saben qué mierda significa cuando uno le dice Moco al otro jajaja Me pareció muy gracioso ese término. Aparentemente es como una cosa interna que usan para decir "Ya para" de forma divertida. Tienes casa en Guanajuato, ya sabes. Espero que para cuando vuelvas a leer esto en 3904ldsn232 años, hayas ido a visitarlos por lo menos una vez. Por lo menos. En serio, sino me molestaré contigo. 

Te dejo porque tengo que hacer un trabajo que debí terminar hace días. Sigo entreteniéndome con los pasajes y los días libres.

Plaza de España.

PD: Sigues enamorándote de Sevilla desde el primer día que llegaste.


sábado, 3 de octubre de 2015

De mis locas torturas.

*Una de hace mil años*

Hace un momento estaba torturándome, como me encanta hacer por supuesto, por este pequeño temilla que siempre asoma cuando aparentemente mi cerebro tiene ganas de fastidiar mi existencia. Simple como eso. 

Leí en facebook una publicación de una amiga a la que estimo y admiro mucho contándole al mundo otro de sus logros. Uno de esos que ni el más loco se atrevería a decir que no es importante. Agradeció a Dios y demás porque es parte importante de su vida. Bueno, el punto es que la mujer está haciendo cosas grandes. Teniendo en cuenta nuestras posibilidades, claro. 

Me entró ese sentimiento de culpa inmenso de no estar haciendo nada valioso con mi vida. No sé por qué tengo realmente ese deseo de hacerme sentir mal. Es obvio que esto lo hablaré con un psicólogo posteriormente pero por el momento necesitaba escribirlo. Luego, simplemente comienzo a pensar en todos los "logros" que he tenido y no encuentro nada que me resulte digno de resaltar. Me hundo sola. Nope. Nada. Y me sigo hundiendo.

He recordado a mi madre (yo le digo madre hasta en una conversación informal así que no te preocupes, no lo estás escribiendo 'cause you wanna be fancy, cuz ur not) en una de las tantas veces de martirio contándole mi inexistente lista de logros. ¿Eso será normal? Me dijo que si bien yo creía que no había hecho nada por la vida, realmente quienes estaban alrededor mío no necesariamente tenían la misma perspectiva. Verás, lo que de repente a ti te parece nulo no lo es para todos. Siéntete feliz por lo que tienes porque hay quienes estarían deseosos de tenerlo así que comienza a apreciarlo y a apreciarte. Bueno, cuando las palabras vienen de mi madre realmente pierden un poco de objetividad, en mi opinión. No importa cuán cierta sea la verdad, simplemente es mi madre y eso implica que debe haber un poco de sentimentalismo en lo que dice. Opinión propia, por supuesto. Muy probable que no sea compartida, pero propia al fin y al cabo. Incluso mi lado racional puede creer que está más que 100% acertada pero es mi madre e inevitablemente lo que dice se ve manchado por el cariño que me tiene porque soy su hija. Punto final. Tiene razón, lo acepto. Pero estoy loca así que no lo acepto.

Recuerdo el día que los Hombres de Negroide ganaron el match en la rotonda de EEGGLL en mi universidad. Esas cuatro personas que me habían hecho reír hasta llorar estaban permitiendo que comparta escenario con ellos. Éramos los HDN. Un polo con un esmoquin estampado y unos lentes negros. Éramos extremadamente felices. Ya habíamos jugado con los otros equipos y yo sabía que eran muy buenos. Me había encantado su complicidad, la forma en que armaban las historias, cómo disfrutaban cada minuto, todo era muy bonito realmente. Hasta que llegó el día de la presentación, ésa que a veces llamo el día que hice el ridículo, el mejor ridículo de mi vida . Terminamos ganando pero yo no estaba feliz, los grupos con los que competí ese día no demostraron todo lo que podían dar. Yo lo sabía y no me parecía un logro justo. Pero bueno, son locuras de la vida.

En verdad, he escrito sobre esto solo para desahogarme un momento jajajaj Sé que ya superaré este tipo de cosas pero como tengo el bichito fastidiándome prefiero sacarlo de esta forma.
Espero que a tu edad ya no tengas este tipo de temas en tu cabeza.

Te quiero.

martes, 9 de junio de 2015

El día de la psicoloca

Acabo de terminar la cita con la psicoloca. Pobre mujer. La tan esperada reunión por fin se dio.

Tengo que escribirte lo que le conté porque realmente quiero que sepas cómo te sentías un nueve de junio de un dos mil quince que quizás no recuerdes tan claramente. O quién sabe, espero que mi memoria mejore exponencialmente y quizás ahora ya te acuerdas de muy buenas cosas. ¿Sabes? Quisiera que me abraces y me cuentes todas las cosas buenas del futuro. Me encantaría saber qué pasará. 

Aparentemente tengo algo así como frustración acumulada (?). Pero ése es el resultado final, creo que lo más interesante son mis descargos frente a la extraña que acabamos de conocer. Disculpe, ¿este número de referencia es para...? Ah, eso es para cuando los alumnos se encuentran en una situación especial en que es posible que se hagan daño a ellos mismos o puedan generárselo a otros. Pero no creo que sea tu caso, tranquila. La pobre no se imaginaba lo que iba a seguir. 

Verá, me siento mal. Me siento terriblemente mal. Tengo los peores altibajos de mi vida. Jamás había tenido cambios tan bruscos como ahora. Lo peor de todo es que al exagerarse este tema, siento que no me conozco. La persona que llora no soy yo. No sé qué hacer. Necesito su ayuda. Necesito que me diga qué hacer. No me interesa si sabe la respuesta o no, solo quiero una solución. Yá.

Lo de la mudanza, el viaje, el traslado hacia otra lado. Pareciera que nada sale como tú lo planeas. Me parece que allí reside tu frustración. El punto es que tengo sentimientos mezclados: cólera, tristeza, felicidad, enojo, decaimiento, etc. Lamentablemente la mayoría son malos pero no puedo hacer nada. He perdido las ganas de hacer las cosas. No quiero estudiar, no quiero hablar con las personas, no quiero levantarme de la cama, no quiero ir a clases. Solo quiero dormir. Despertarme y correr. Lejos, muy lejos de aquí. Simplemente irme y ya.

Ah, y me quiero hacer daño. No sé. Tengo unas ganas tremendas de torturarme (debe ser cierto porque ahora estoy escuchando Arctic Monkeys). He llegado al punto en que soy plenamente consciente de que lo que estoy diciendo hiere a una persona que quiero mucho pero como quiero que sienta lo mismo que yo, no lo tomo en cuenta hasta después que decido sentirme mal por lo que he hecho.

El punto es que la mujer quedó algo impactada y me dijo que no permitiría que viaje así. Well, well, well. Debo seguir yendo a las "consultas" (?) a ver cómo soluciona este temilla que me tiene algo fastidiada realmente. Dijo que debía ir para determinar finalmente qué respuesta tendría este problema. Para todo hay solución. Quizás yo no la tenga ahora, pero debemos elaborarla juntas. Incluso hasta una cita con el psiquiatra es una opción. Tú, tranquila.

Sí, gracias. 
Al menos ya me desfogué con ella un rato.

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Y para concluir de forma excelente este día, se me ha ocurrido contarle a mi mamá todo lo que le dije a la psicóloga. Lo sé, eres estúpida. Si ya sabía cómo me iba a responder, honestamente no sé por qué lo hice. A veces no me detengo a pensar, lo lamento. Será que yo no he tenido la misma vida que tú, que realmente todas mis frustraciones las guardo para cuando me muera. GRACIAS MADRE. Ésa era la frase de aliento que necesitaba. Justo hoy necesitaba oír: Déjate de cojudeces y sé feliz, mierda. Luego, la infaltable referencia a Dios. Ya no sé qué hacer. Debo dejar de llorar pero en fin. Ya no quiero escuchar. He llegado a detestarlo. Detesto simplemente estar aquí sentada pensando. Lo he llegado a odiar. Ya no me quiero escuchar, me he cansado de mí misma. Increíble, ¿no? Pareciera que ya no recordara lo mucho que me amo. 

Y luego mi padre. Que el mejor psicólogo es uno mismo, que la vida es muy sencilla, que todo tiene solución y si no lo tiene ya para qué preocuparse. De nuevo lo mismo. Con todo el respeto que se merecen ambos, sé que me equivoqué al contarles. No, no, sí me equivoqué. Créeme. Pero si me van a repetir lo mismo que siempre me dicen, por favor les pediría encarecidamente que me lo hicieran saber ahora porque, nuevamente repito lo del respeto, no tengo ganas de escucharlos. Ahora, en este preciso instante, lo último que quiero hacer es escuchar que me repitan lo mismo. Con contarles no les estoy pidiendo nada. Literalmente nada. Sé que no pueden hacer nada y ya. Dejen de atormentarme con sus penas porque si quieren un psicólogo saquen su cita.

Sí, así de faltosa me he puesto en este momento. Hace ya cinco minutos que colgué y sigo pensando que mi imbecilidad ha llegado a extremos desconocidos incluso para esa gente a la que pongo diez en la escala de estupidez. Siendo 0, medianamente razonable y 10, genuinamente estúpido.


domingo, 7 de junio de 2015

Pastos a mí.

Últimamente estoy sintiendo un estrés tremendo. Paso el día peguntándome qué mierda le pasa a mi cabeza. Lo más ridículamente pequeño me causa angustia. No sé qué hacer. Acabo de confesarle a una amiga que mi mente está hecha un caos. Mente de mierda.

Sigo cuestionando las decisiones que tomo. Hablar, no hacerlo, despertar, reír, gritar, abrazar, preguntar, soñar, parar. Parar. Quiero detener el tiempo y estar en este preciso instante en uno de los pastos de la universidad. Quiero estar tendida en el pasto como ese día en que regresando de correr encontré el parque más tranquilo que había visto en días. Dejé de correr, ingresé y simplemente me tiré al pasto a pensar. A reírme sola en realidad. Me acordé de muchas cosas esa mañana. Recuerdo que el cielo estaba particularmente despejado y de un celeste que me mantuvo sonriendo la media hora. Sí, una loca a las seis y media tirada en el pasto. No era efecto de ninguna sustancia, eso era pura felicidad. Me parece que estaba feliz porque ya venían vacaciones y quería correr a casa. 

Mil veces quería correr a ese lugar que estaba a ocho horas en bus y a 45 minutos en avión. Simplemente correr, qué bonito es tener piernas y correr. Estoy escribiendo luego de haber colapsado, creo que ése es el principal motivo de la falta de coherencia y probablemente propósito de este post. No lo sé. Me he dado cuenta de que no sé muchas cosas. O bueno, en realidad creo que las sé pero prefiero no reconocerlas. Quiero no hacerlo. Como cuando no recuerdo cosas que quisiera no recordar y al mínimo indicio de que regresa la memoria, trato de pensar en otra cosa. Vete idea del mal, si no te recuerdo es por algo. 

En fin. El martes tengo la tan esperada cita con el psicólogo. Quisiera mandarle un mensaje y pedirle que separe tres horas de su tiempo pero pobre persona. Creo que con una hora conmigo ya debe quedar un poco loca. Mi lectura me está mirando hace un buen rato. Me molesta que lo haga cuando escribo, detesto la impertinencia en esta vida. Luego del martes decidiré qué hacer con esta cabeza. Ah cierto, quiero estar en el pasto. Quiero estar ahí con un vestido formal, unas pantimedias y mis botas azules. No quiero dejar mis botas azules, las amo con locura.

Hace poco me di cuenta de lo fácil que me resulta tomarle cariño a las cosas. Mi cuerpo no puede rechazar la belleza. Así sea la obviamente percibida o una meramente influida por mis gustos personales. No me puedo resistir a amar lo que me parece bello. No sé si amar pero ahí está la idea. Tengo todo un tema con esa palabrita y su definición que ya resolveré luego. Quizás uno de esos días en que la inspiración me tacklea.

domingo, 17 de mayo de 2015

Hambre.

*Maricielo y yo cantando*
*Apasionadamente*

Mamá: ¿Habrán sobrado tallarines del almuerzo?
Papá: No sé, ¿por qué?
Mamá: Parece que estas chicas tienen hambre.
Nosotras: (-.-) (-.-)


martes, 7 de abril de 2015

¿Ética? ¿Con qué se come?

[He vuelto a escuchar a 

Detektivbyrån. 
Soy feliz.]


Me pasa que cuando participo sin haber pensado precisamente qué decir, suele salir lo que realmente mi cabeza quiere decir. En un orden extraño, pero la idea está presente. Nuevamente tengo que hablar de la clase de ética. Ésta en la que me he visto envuelta en una especie de pacto para participar puesto que hay quienes dicen cada cosa... pero en fin. Mientras me codeaban para alzar mi mano, ésta se alzó seudo-involuntariamente, como quien quiere la cosa pero no. Había una presión ejercida pero sí tenía algo de ganas de preguntar en ese momento.

Bueno, con todas estas recomendaciones que uno da desde un punto de vista ético. Si tu amiga realmente no quiere escucharte, luego de las miles recomendaciones que le has podido dar. ¿Qué puedes hacer? ¿Ahí termina tu trabajo? ¿En advertirle que lo que quiere hacer está mal? ¿Diciéndole que realmente ese dinero que obtendrá pasando la maleta con la supuesta droga no valdrá la pena? 

Entonces, el profesor respondió. Es un punto válido. Pero en realidad lo único que podrías hacer para evitar que actúe mal sería delatarla. Aunque uno podría preguntarse si hacerle eso a un amigo está bien. Y por otro lado, uno podría preguntarse si quiere realmente seguir siendo amigo de una persona que a pesar de conocer las terribles consecuencias de sus acciones igual decide hacerlo. Creo que eso último sí depende de cada uno.

De pronto, mi expresiva cara delató mi insatisfacción con su respuesta. ¿Todo bien? 

La verdad es que no. Y comenzó a hablar mi boca casi sin pensarlo. Le contaré qué me sorprendió hoy. Al profesor. A la clase entera. En vista de que no suelo participar, creo que es pertinente. Jáh. Y comencé. Lo que pasa es que esto de la ética y demás me ha dejado pensando. Estuve hoy con una amiga que hacía un trabajo para el mismo curso pero en otro horario. Ella me dijo: "Realmente no sé para qué llevamos este curso. Si uno es corrupto, seguirá siendo corrupto. ¿Crees que un curso lo va a cambiar?" Yo no supe qué responderle. Y tenía que preguntarlo justo antes de venir. Efectivamente la idea de que alguien se pare a dar la clase diciendo lo que es bueno o malo no sé cuánta real influencia pueda tener. Esto me llevó a pensar en una pregunta que hizo un compañero en las primeras clases: ¿Lo que importa es que uno actúe de acuerdo a lo que dicen las normas de buenas prácticas o que realmente lo crea?. Esa pregunta iba a ser respondida después pero nunca escuché la respuesta así que estuve pensando en eso.

No me había dado cuenta de que la clase estaba escuchando. Realmente creo que pensé en voz alta pero en fin. Las caras eran lo que más me sorprendían. Solo cuando terminé de hablar me di cuenta de la pregunta. Profesor, ¿sirve su curso?

Y entonces, muy amablemente dijo que era un cuestionamiento válido. Yo tengo mi posición pero quisiera escuchar la de ustedes. Vi alzarse las manos. Profesor, yo creo que sirve ya que nos da una base para enfrentarnos a las diferentes situaciones. Pues yo en realidad pienso que puede ayudar a que cambiemos nuestra forma de pensar y dejé de escuchar porque me pareció más interesante la reflexión a mi lado. 

Verás Claudia. Lo que pasa es que ambas partimos de premisas distintas. Al igual que tu amiga, tú piensas que las personas no pueden cambiar. Claramente una clase no hará efecto en ellas. Yo, por el contrario, pienso que sí. En ese sentido, lo que pueda construir en base a eso no será válido para ti porque nuestros puntos de partida no solo con diferentes sino que opuestos.

Tiene mucha razón. Hasta que el asistente intervino. La razón por la que estudiamos Ética es para conocer el fundamento de los valores que consideramos importantes para una convivencia en sociedad. O algo así. Al menos esa creo que fue la esencia de lo que dijo (o lo que se me quedó grabado). Y continuó el profesor. Este curso no pretende ser un discurso moralista. Nosotros mostramos qué existe en las normas pero lo que me parece importante es la reflexión que cada uno hace sobre sí mismo. Lo relevante es que uno se cuestione al elegir una opción entre las que se presentan. Y demás.

Si tuvieras que elegir entre lo que dice tu amiga y lo que te hemos dicho, ¿por quién votarías? Pues, me han hecho notar que la respuesta de la influencia en uno depende de si considera que las personas pueden cambiar o no, entonces no habría algo correcto en esa pregunta. Ah bueno, es un buen punto. Yo sí pienso que las personas pueden cambiar y que lo que analizamos aquí tiene la capacidad de modificar en algo lo que creemos. Bueno, ésa es su opinión...

Finalmente, llegué a una conclusión (propia, por supuesto) del objeto del curso de Ética en mi facultad. Ese curso al que mi padre hizo referencia una vez en tono de broma: "Llévalo hija, pero no lo apliques". El curso en realidad no está hecho para cambiar lo que uno considera como valores en su vida. No trata, en ningún modo, de esperar que todos los que lo lleven terminen como abogados intachables. Eso sería mucho pedir (aunque la referencia a la formación integral como persona en las participaciones me agradó). Lo que aquí nos muestran son efectivamente los pilares que rigen la convivencia. El fundamento de estos valores y su importancia es desarrollada en el curso. Cómo debemos actuar es lo que se nos muestra pero lo que en lo que uno firmemente cree es un tema aparte. Y si sucede un cambio en la persona, mejor. A pesar de todo, me parece una conclusión bastante racional.

martes, 31 de marzo de 2015

Ay, tú. Ay, yo.

En este mundo de locos, me he encontrado con muchas personas, cada una más loca que la siguiente. [Haré omisión a mi condición psicológica porque no se relaciona con lo que quiero decir hoy] Todos distintos, tratando de hacer algo con sus vidas y, bueno, todo bien en eso. He tenido la suerte de toparme con gente que no necesariamente piensa como yo pero que no por eso me tendrá menos estima de la que yo les tengo. Es bonito eso. De hecho, una de mis mejores amigas va a la Marcha por la vida, y esas cosas que yo no sé si haría. En fin.

Antes de que me pierda pensando en lo que no sé si haría, comienzo por lo que vine. Últimamente se me ha dado por analizar mucho las cosas que pasan alrededor de mí. Probablemente sea síntoma de que mi madre tenía razón al insistir en que vaya al psicólogo. Iré mamá, si piensas que estoy loca, iré. Gracias hija, ve. Las actitudes de las personas, lo que dicen, lo que hacen, lo que dicen que hacen, lo que hacen y no dicen, infinidades de cosas, todo esto trata de ser pensado por mi cabeza. 

Si bien yo no creo que tengo LA visión correcta del mundo, hay algo en lo que creo que deberíamos concordar. No somos nadie para juzgar a los demás. No podemos opinar sobre la vida de otra persona sin realmente conocerla. 

En la clase de Ética de hoy vimos la relación entre ética y éxito. Sí, ese curso al que casi nadie le da relevancia en la facultad. Para ser justos, en la vida. Y bueno, el punto es que el nexo entre ambos conceptos iba a definirse de acuerdo a lo que se entendiera por éxito. ¿Qué cosa es ser exitoso? Y ahí lo recordé. Hace días escuché a unos compañeros. Pero, ¿a quién le ha ganado? ¿a Fulanito? ¿y quién es él? jajaja No va a llegar a ser nada. Increíblemente ellos lo tomaron a la ligera pero yo lo sentí mucho. No porque se hablara de un conocido en específico sino que me causó extrañeza que alguien pudiera decir eso sobre alguien más. 

Yo, Claudia Cristina, no soy la alumna más brillante, ni la más aplicada, ni la más participativa. Tampoco tengo millones de amigos, ni desbordo amabilidad o alegría cada segundo de mi vida. No tengo la familia perfecta y, ni por asomo, yo me acerco a esa idea de perfección. Pero es bonito. ¿Quiere decir eso que no seré nada? Y cuando digo las cosas que me gustan decir (muchas veces tontas y aleatorias), ¿eso es señal de que no soy buena? Para estas personas, la definición de "ser alguien" era completamente distinta a la que yo tengo, como es obvio. Quizás pensaron que ser exitoso significaba ser un excelente alumno. Alguien que tenga las mejores notas, que reciba los más fuertes aplausos, que tenga diplomas o que termine la carrera con alguna señal de su alta calidad académica. Y bueno, eso para mí, no es éxito. [Haré caso omiso a mis ataques de pánico por los controles de esta semana. Trataré de restarle importancia a estos tortuosos exámenes.] 

Estaba pensando en que el éxito se relaciona (o debería, según Saldaña:2015) con la satisfacción que uno encuentra haciendo lo que quiere. El problema está cuando uno quiere medir a los demás según su propio concepto de éxito. Entonces, detente. Si soy feliz, ¿cuál es el tema? Pues ninguno, si soy feliz no hay asunto. Si soy feliz, no deberían tratar de hacer calzar mi felicidad en su molde de éxito. Así que he decidido, a raíz de los recientes eventos, descubrir exactamente qué me genera felicidad. Definitivamente no serán las lecturas de contratos. Pero si a alguien más le da una hermosa sensación, pues bien.


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PD para la Claudia de cualquier edad: 
Leí sobre un reto personal de pasar 24 horas sin exteriorizar ninguna clase de queja frente a los demás y luego aumentar el número de horas. Trataré de hacerlo, suena saludable.


viernes, 27 de marzo de 2015

Charlando, charlando

Me acabo de encontrar con un amigo que no veía hace mucho. Hace tanto que no recordaba su nombre. Lo encontré espiando cuidadosamente a otra amiga, esperando a que ella voltee para saludarla tan efusivamente como sabe hacerlo. Ella no se había dado cuenta pero la misma sonrisa que tuve cuando lo vi fue la que ella puso al voltear. Por obra y gracia del señor, mi amiga le dijo su nombre. Jamás seré buena con los nombres. Y menos el suyo, creo que incluso cuando lo veía seguido no podía recordarlo. En fin.

Ha comenzado a hablarme de las cosas de la vida, de cómo le va, que llevo tantos cursos, que viajé a tal sitio, que mi familia es así y demás. La verdad es que yo esperaba dirigirme sin distracciones a la biblioteca para terminar un trabajisho que muy contenta acepté hacer hace unos días. Sí, caminar hacia esta biblioteca en la que estoy haciendo el resumen de la última hora de mi vida en lugar de resumir a Bianca. Bueno, no creo que mi amigo Massimo vaya a incomodarse por dejar para después la lectura sobre el contrato, así que todo bien.

Lo que me parece increíble es lo mucho que aprendí en ese corto tiempo de la conversación. Aprendí cosas tan valiosas como lo importante que es escuchar. Aprendí que debo reaccionar siempre luego de haber pensado. Me di cuenta de que mi amigo es cuidadoso al hablar, que elige sus palabras y que su conversación podría fácilmente ser un discurso si le diera un micrófono. Me encantó encontrármelo y hablar. Me encanta encontrarme a las personas y hablar. En general, suelo hablar bastante cuando estoy con alguien pero hay momentos en los que prefiero escuchar. Puedo pasar tranquilamente quince minutos captando todo sin intervenir sólo porque me parece interesante. Pero, del mismo modo, puedo pasar sin ningún inconveniente media hora tratando de descifrar si lo que dice o las actitudes de la persona en frente de mí son producidas por una mala noche de sueño, el abuso de alguna sustancia especial o simplemente es la imbecilidad que a muchas personas ataca. Me parece fascinante conocer a las personas.

Probablemente ésa sea una de las cosas que más me gusta hacer en este mundo. Cada uno tiene muchísimos detalles. Conocer a alguien implica dedicación, más si esa persona está llena de contradicciones como suele suceder. Mientras lo escuchaba, y estaba atenta quiero recalcar (quiero recalcarlo porque a veces una idea hace que me pierda y mi cerebro comience a correr libremente por cualquier otro lado menos en el ahora. Pero esta vez no.) Bueno, mientras lo escuchaba me di cuenta de que charlar trae consigo una bonita sensación. Cada vez que escucho atentamente a alguien suelo tener en la cabeza que ése es uno de los momentos que recordaré cuando sea una anciana. Ese momento en que preferí elegir que esos minutos serían destinados a aprender. Espero encontrarme a más personas, esto definitivamente me puso feliz.

jueves, 26 de marzo de 2015

Rehab

*Antes de la mudanza*

They tried to make me go to rehab, and I said yes, Yes, YES!

Cada vez que regreso a mi casa es como si estuviera en rehab. Todo vuelve a la normalidad para mi cuerpo y cerebro. Mi familia, mi cuarto, mi cama, el cielo, los colores, las frutas, las pinturas, los sonidos, todo me encanta. Dejo todo lo que pasó en el ciclo, dejo a Lima y su tráfico, a la universidad, las lecturas, etcétera y regreso a mi casa. Cada fin de ciclo soy feliz.

En mi casa me rio casi todo el día. Ñe, mentira. Tampoco tanto. Pero en la noche siempre siento que estuve todo el día feliz. Raro,  ¿no? Y me voy a dormir tranquila, sabiendo que mañana despertaré acá. Soy una nenaza. (Paréntesis: no sé por qué para escribir con valor aumentativo, he notado que lo hacen con S, como grandasa o piscinasa pero es con Z así que tranquila.) En fin, creo que me he puesto así, un poco feeling, porque en un par de semanas nos mudaremos. Bueno, son mis últimos días aquí así que a disfrutar por ahora.

A mí me encanta porque en mi familia todos parecemos estar algo conectados. Al menos cuando hacemos una broma tenemos el mismo sentido del humor. Me gusta que sea mi hermana menor la que ahora nos hace un poquito de bullying y que ponga en práctica todos estos años de lecciones. Años en que, debo admitir, me he esforzado por transmitirle mi sabiduría. Ayer al llegar de hacer las compras mi hermano nos abrió la puerta. Obviamente ayudó cargando más de una de las bolsas. Pero como nos gusta fastidiarlo... Uy, ¡pero qué fuerte este chico! ¡No puede ser posible! ¿Acaso está cargando cuatro bolsas llenas de... papel higiénico? Jajaja ¡Es una fuerza sobrehumana! Él ya se acostumbró a que lo tratemos así, sabe que no están llenas de papel pero ya no le molesta. Lo mismo cuando vio que en una de ellas habían latas de Pringles. ¿Son para mí? Nosotras sabemos que son para él porque come todo lo que encuentra pero igual le dijimos no. Le dije no son para tu consumo. Nos miramos a los ojos y le dijimos al unísono: ¡Somos Pringles, pero no para tu consumo! Es bueno que tengamos cosas en común cuando vemos videos. Es bueno que tengamos en común que somos familia.



miércoles, 7 de enero de 2015

La experiencia

Siendo las 12:05 a.m. del viernes 19 de diciembre he decidido desahogarme.
Sé que esto es bastante creepy (incluso para mí) pero es necesario.
También se debe a un capítulo de Los Simpsom que vi ayer en que Michelle Obama visita a Lisa por ser una buena alumna. Mis hermanos se encargaron de recalcar que así lloro por mis notas. La pobre recibió una F y obviamente era una equivocación pues finalmente tuvo A+++ (sí, +++).

Como me gusta la tortura, revisé mis notas en vista de que recibí la de un final en el que honestamente no esperaba salir tan bien pero tampoco tan bajo. No sé si me ha tomado por sorpresa realmente, sigo pensándolo. En fin, me puse a ver qué había pasado este ciclo. Las únicas notas que tengo de éste son B y C. Ok, calm down. Todo tiene una explicación. Lamentablemente (para ella) mi hermana estaba a mi lado y decidí explicarle el por qué de cada una de mis notas. Como si eso fuese relevante para su vida pero bueno. Debe ser por eso que la quiero tanto, me escucha incluso cuando sé que quisiera que yo dejara de hablar. 

Cuando le conté sobre un 14 (sí, soy una traumadita), dijo bromeando: "Ah, esto sienten los que sacan buena nota cuando tienen un catorce!" Jajaja. Sí, bueno, así se siente. Le comencé a contar sobre mis notas en el curso que más me gustaba: Tributario. Futura tributarista en un universo paralelo, yalavi. 

Le pregunté si le parecía bien que la nota de prácticas, controles y la de participación tuvieran el mismo valor para el puntaje final. ¿Realmente hablar en clase debe valer lo mismo que el haber entendido los conceptos? Me dijo que no. Claramente no lo dijo solo para contentarme porque no me contesta con ese propósito casi nunca (por no decir nunca). Y además había que tener en cuenta la actitud de quien enseñaba el curso. La misma bipolaridad experimentada cuando llevé impro la vivía allí todos los jueves. Quien enseñaba es una excelente profesora cuando se trata de simplificar los temas. Con esto me refiero a que hace bastante sencillo entenderlos no que les quita importancia. Sin embargo, a pesar de que antes creía que era lo más importante en un docente, este ciclo aprendí que no. 

Se necesita además tacto para tratar a las personas. Yo, como es obvio para quienes me conocen, podría dar todo un seminario sobre esto (#SarcasmModeOn). Está bien, sé que no soy tan buena cuando se trata de primeras reacciones pero incluso a mí me parecía un poco extrema su actitud. Y eso que no suelo ser la amabilidad en persona... No por nada se encargaron de repetirme que era como una pequeña versión de ella. 

Es una mala combinación de una increíble rapidez entre la conexión de micerebro y mismúsculosfaciales y, de mi cerebro y mi boca que no dejan que mienta. No puedo evitarlo (bueno, quizás sí pero con mucha práctica). Como ya te he explicado, hasta ahora no puedes eludir que tu cara hable antes que tú. A veces que tú hables antes que tú.  Sí, ella también hacía la misma cara de "Cada día la estupidez humana me sorprende más y más" con algunas preguntas. No puedo dejar de reconocer que incluso yo puse esa cara cuando escuché ciertas cosas pero creo que el docente que está al frente tiene una relación distinta con un alumno así que al menos eso debería mejorarse con algún curso de "Cómo ser profesor y no morir ni matar a tus alumnos en el intento".

No fueron pocas las veces en que esta mirada se hacía presente en clase. Tampoco lo fueron los tonos que la ejemplificaban. Ese tono que en lugar de ir diciendo la respuesta, avanzaba con un "Mira, haremos esto como 'Tributario para dummies' en vista de tu habilidad con el tema". No puedo decir que no sonreí en algunas ocasiones. La maldad me invadía a las 7.30 de la mañana, más aún cuando solo había dormido tres horas. Qué podía hacer, me salían naturalmente algunas de esas sonrisas.

Ya para acabar el ciclo, supongo que se dio cuenta de lo obvio: Casi todos jalarían la nota de participación. Considerando que es un 20% del promedio final y tomando en cuenta que no eran muchos quienes sí habían entendido la clase, decidió aumentar su generosidad poniendo más puntos a quienes intervinieran más. Y ese fue el inicio de la desgracia. El primer jueves creo que fue el peor. Intervenciones por todos lados. Casi todas sin sentido alguno, cosas repetitivas, preguntas que encontraban respuesta leyendo el código, dudas existenciales, repeticiones de lo que ya se había dicho, etcétera. Yo me quería matar. Len-ta-men-te. Decidí que salir a tomar un café y a conversar un rato afuera del salón era lo mejor para mi salud mental. Hasta que regresaba al salón and all over again. Era capaz de cortarme los brazos en frente suyo solo para que parara ese dolor. No lo hice solo por amor propio pero es que era demasiado. Y no participé. Uno podía ver la cara de desesperación de las personas porque ya no sabían qué decir solo para tener puntos en ese recuadro. Yo ya no podía más. El apoyo que brindaba hacía que yo me quisiera matar en pleno salón. El ser humano puede llegar a ciertos extremos aun desconocidos para mí.

Finalmente he terminado los cursos que más amé este ciclo (sí, claro) con una nota regular que ni refleja cómo me fue durante todo el período porque los exámenes finales los di como si no tuvieran relevancia alguna. Una de las clases de tortura inventadas por mi profesor es que el examen durara tres horas. De estas, una y media estaban calculadas para leer el contrato en base al cual debíamos resolver las preguntas. Realmente yo me dormí. Mis ojos pasaban por las palabras en frente de mí pero no leía nada. Fue lo más aburrido que hice en mucho tiempo. Por qué? Por qué me metí con este profesor? Por qué me gusta torturarme así?  Ay, ya pasaron dos horas. Creo que mejor comienzo a redactar... Y así terminé el examen. ¡Por fin se terminó! Soy la mujer más feliz del mundo. Tome, gracias. Crucé la puerta del aula y fui libre.

No voy a ser mamá.

  ¿Por qué no quiero tener hijos? Porque la ropa de barbie original cuesta 40 soles y yo soy compradora compulsiva no diagnosticada. Hoy L...