domingo, 7 de junio de 2015

Pastos a mí.

Últimamente estoy sintiendo un estrés tremendo. Paso el día peguntándome qué mierda le pasa a mi cabeza. Lo más ridículamente pequeño me causa angustia. No sé qué hacer. Acabo de confesarle a una amiga que mi mente está hecha un caos. Mente de mierda.

Sigo cuestionando las decisiones que tomo. Hablar, no hacerlo, despertar, reír, gritar, abrazar, preguntar, soñar, parar. Parar. Quiero detener el tiempo y estar en este preciso instante en uno de los pastos de la universidad. Quiero estar tendida en el pasto como ese día en que regresando de correr encontré el parque más tranquilo que había visto en días. Dejé de correr, ingresé y simplemente me tiré al pasto a pensar. A reírme sola en realidad. Me acordé de muchas cosas esa mañana. Recuerdo que el cielo estaba particularmente despejado y de un celeste que me mantuvo sonriendo la media hora. Sí, una loca a las seis y media tirada en el pasto. No era efecto de ninguna sustancia, eso era pura felicidad. Me parece que estaba feliz porque ya venían vacaciones y quería correr a casa. 

Mil veces quería correr a ese lugar que estaba a ocho horas en bus y a 45 minutos en avión. Simplemente correr, qué bonito es tener piernas y correr. Estoy escribiendo luego de haber colapsado, creo que ése es el principal motivo de la falta de coherencia y probablemente propósito de este post. No lo sé. Me he dado cuenta de que no sé muchas cosas. O bueno, en realidad creo que las sé pero prefiero no reconocerlas. Quiero no hacerlo. Como cuando no recuerdo cosas que quisiera no recordar y al mínimo indicio de que regresa la memoria, trato de pensar en otra cosa. Vete idea del mal, si no te recuerdo es por algo. 

En fin. El martes tengo la tan esperada cita con el psicólogo. Quisiera mandarle un mensaje y pedirle que separe tres horas de su tiempo pero pobre persona. Creo que con una hora conmigo ya debe quedar un poco loca. Mi lectura me está mirando hace un buen rato. Me molesta que lo haga cuando escribo, detesto la impertinencia en esta vida. Luego del martes decidiré qué hacer con esta cabeza. Ah cierto, quiero estar en el pasto. Quiero estar ahí con un vestido formal, unas pantimedias y mis botas azules. No quiero dejar mis botas azules, las amo con locura.

Hace poco me di cuenta de lo fácil que me resulta tomarle cariño a las cosas. Mi cuerpo no puede rechazar la belleza. Así sea la obviamente percibida o una meramente influida por mis gustos personales. No me puedo resistir a amar lo que me parece bello. No sé si amar pero ahí está la idea. Tengo todo un tema con esa palabrita y su definición que ya resolveré luego. Quizás uno de esos días en que la inspiración me tacklea.

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