Me acabo de encontrar con un amigo que no veía hace mucho. Hace tanto que no recordaba su nombre. Lo encontré espiando cuidadosamente a otra amiga, esperando a que ella voltee para saludarla tan efusivamente como sabe hacerlo. Ella no se había dado cuenta pero la misma sonrisa que tuve cuando lo vi fue la que ella puso al voltear. Por obra y gracia del señor, mi amiga le dijo su nombre. Jamás seré buena con los nombres. Y menos el suyo, creo que incluso cuando lo veía seguido no podía recordarlo. En fin.
Ha comenzado a hablarme de las cosas de la vida, de cómo le va, que llevo tantos cursos, que viajé a tal sitio, que mi familia es así y demás. La verdad es que yo esperaba dirigirme sin distracciones a la biblioteca para terminar un trabajisho que muy contenta acepté hacer hace unos días. Sí, caminar hacia esta biblioteca en la que estoy haciendo el resumen de la última hora de mi vida en lugar de resumir a Bianca. Bueno, no creo que mi amigo Massimo vaya a incomodarse por dejar para después la lectura sobre el contrato, así que todo bien.
Lo que me parece increíble es lo mucho que aprendí en ese corto tiempo de la conversación. Aprendí cosas tan valiosas como lo importante que es escuchar. Aprendí que debo reaccionar siempre luego de haber pensado. Me di cuenta de que mi amigo es cuidadoso al hablar, que elige sus palabras y que su conversación podría fácilmente ser un discurso si le diera un micrófono. Me encantó encontrármelo y hablar. Me encanta encontrarme a las personas y hablar. En general, suelo hablar bastante cuando estoy con alguien pero hay momentos en los que prefiero escuchar. Puedo pasar tranquilamente quince minutos captando todo sin intervenir sólo porque me parece interesante. Pero, del mismo modo, puedo pasar sin ningún inconveniente media hora tratando de descifrar si lo que dice o las actitudes de la persona en frente de mí son producidas por una mala noche de sueño, el abuso de alguna sustancia especial o simplemente es la imbecilidad que a muchas personas ataca. Me parece fascinante conocer a las personas.
Probablemente ésa sea una de las cosas que más me gusta hacer en este mundo. Cada uno tiene muchísimos detalles. Conocer a alguien implica dedicación, más si esa persona está llena de contradicciones como suele suceder. Mientras lo escuchaba, y estaba atenta quiero recalcar (quiero recalcarlo porque a veces una idea hace que me pierda y mi cerebro comience a correr libremente por cualquier otro lado menos en el ahora. Pero esta vez no.) Bueno, mientras lo escuchaba me di cuenta de que charlar trae consigo una bonita sensación. Cada vez que escucho atentamente a alguien suelo tener en la cabeza que ése es uno de los momentos que recordaré cuando sea una anciana. Ese momento en que preferí elegir que esos minutos serían destinados a aprender. Espero encontrarme a más personas, esto definitivamente me puso feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario