En este mundo de locos, me he encontrado con muchas personas, cada una más loca que la siguiente. [Haré omisión a mi condición psicológica porque no se relaciona con lo que quiero decir hoy] Todos distintos, tratando de hacer algo con sus vidas y, bueno, todo bien en eso. He tenido la suerte de toparme con gente que no necesariamente piensa como yo pero que no por eso me tendrá menos estima de la que yo les tengo. Es bonito eso. De hecho, una de mis mejores amigas va a la Marcha por la vida, y esas cosas que yo no sé si haría. En fin.
Antes de que me pierda pensando en lo que no sé si haría, comienzo por lo que vine. Últimamente se me ha dado por analizar mucho las cosas que pasan alrededor de mí. Probablemente sea síntoma de que mi madre tenía razón al insistir en que vaya al psicólogo. Iré mamá, si piensas que estoy loca, iré. Gracias hija, ve. Las actitudes de las personas, lo que dicen, lo que hacen, lo que dicen que hacen, lo que hacen y no dicen, infinidades de cosas, todo esto trata de ser pensado por mi cabeza.
Si bien yo no creo que tengo LA visión correcta del mundo, hay algo en lo que creo que deberíamos concordar. No somos nadie para juzgar a los demás. No podemos opinar sobre la vida de otra persona sin realmente conocerla.
En la clase de Ética de hoy vimos la relación entre ética y éxito. Sí, ese curso al que casi nadie le da relevancia en la facultad. Para ser justos, en la vida. Y bueno, el punto es que el nexo entre ambos conceptos iba a definirse de acuerdo a lo que se entendiera por éxito. ¿Qué cosa es ser exitoso? Y ahí lo recordé. Hace días escuché a unos compañeros. Pero, ¿a quién le ha ganado? ¿a Fulanito? ¿y quién es él? jajaja No va a llegar a ser nada. Increíblemente ellos lo tomaron a la ligera pero yo lo sentí mucho. No porque se hablara de un conocido en específico sino que me causó extrañeza que alguien pudiera decir eso sobre alguien más.
Yo, Claudia Cristina, no soy la alumna más brillante, ni la más aplicada, ni la más participativa. Tampoco tengo millones de amigos, ni desbordo amabilidad o alegría cada segundo de mi vida. No tengo la familia perfecta y, ni por asomo, yo me acerco a esa idea de perfección. Pero es bonito. ¿Quiere decir eso que no seré nada? Y cuando digo las cosas que me gustan decir (muchas veces tontas y aleatorias), ¿eso es señal de que no soy buena? Para estas personas, la definición de "ser alguien" era completamente distinta a la que yo tengo, como es obvio. Quizás pensaron que ser exitoso significaba ser un excelente alumno. Alguien que tenga las mejores notas, que reciba los más fuertes aplausos, que tenga diplomas o que termine la carrera con alguna señal de su alta calidad académica. Y bueno, eso para mí, no es éxito. [Haré caso omiso a mis ataques de pánico por los controles de esta semana. Trataré de restarle importancia a estos tortuosos exámenes.]
Estaba pensando en que el éxito se relaciona (o debería, según Saldaña:2015) con la satisfacción que uno encuentra haciendo lo que quiere. El problema está cuando uno quiere medir a los demás según su propio concepto de éxito. Entonces, detente. Si soy feliz, ¿cuál es el tema? Pues ninguno, si soy feliz no hay asunto. Si soy feliz, no deberían tratar de hacer calzar mi felicidad en su molde de éxito. Así que he decidido, a raíz de los recientes eventos, descubrir exactamente qué me genera felicidad. Definitivamente no serán las lecturas de contratos. Pero si a alguien más le da una hermosa sensación, pues bien.
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PD para la Claudia de cualquier edad:
Leí sobre un reto personal de pasar 24 horas sin exteriorizar ninguna clase de queja frente a los demás y luego aumentar el número de horas. Trataré de hacerlo, suena saludable.
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