sábado, 22 de diciembre de 2012

La veo

Desde que ha visitado mi cuarto no la puedo olvidar.

Increíblemente escucho en el más mínimo movimiento su presencia. Está donde no está. La siento siempre. No estoy obsesionada con ella, es ella quien lo está conmigo. Me persigue. Sabe que me da miedo pero allí aparece. No la quiero sentir pero vuelve.

Ni siquiera la vi bien cuando la encontré. Sólo sabía lo que era y eso bastaba. Le di varias oportunidades, fui bastante gentil. Hasta creo que aprendí a convivir con ella dentro. Nunca le hice daño ni la menosprecié pero esa noche era demasiado. El ruido, aunque casi imperceptible, era mucho más de lo que podía soportar. Moví todo, quise encontrarla. Me tomó casi dos horas. Encontré cosas que consideré eliminadas de la faz de la tierra. Me agradó, sin embargo, si no la veía en ese momento era capaz de colapsar. Tuve que sacar fuerzas de la madrugada para poder trasladar todo. La escuchaba, la sentía, pero no estaba.

Justo cuando ya iba a desistir, la volví a oír. Sólo llegué a ver la mitad de su cuerpo, cuando supe exactamente qué era no quise observarla más. Me asustaba. Me asustaba que viviera conmigo. Me asustaba que la hubiera aceptado sin siquiera conocerla. Me asustaba que ella hiciera que me asustara de mí misma. No pude gritar. Fue uno de esos momentos en los que no se sabe qué hacer y mi cerebro decidió que debía respirar. Sabía que le temía y yo sabía que le pasaba lo mismo conmigo. 

Decidí que lo mejor era que nos alejáramos. Amablemente abrí la ventana sin verla de nuevo. Supuse que entendería a qué me refería con esta acción. Me conocía así que hizo lo que yo esperé. Cuando salió no la escuché. No sé si fue porque lo hizo con extremo cuidado o yo no quise hacerlo. Mi mente estaba bloqueada realmente. Fue extraño pues sabía que ya no estaría más pero no estaba feliz sino asqueada.

A pesar de que sé que ya no está, la siento. Los pequeños ruidos me recuerdan a ella. Está obsesionada conmigo, no me deja ir. Yo quiero que salga de mi cabeza pero no puedo. Desde que ha visitado mi cuarto no la puedo olvidar.

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