domingo, 25 de junio de 2017

Y me sentí ridícula.

Del 18/10/15
*Como es costumbre, es de madrugada y debería estar escribiendo un trabajo.* 

Acabo de recordar hace un momento una conversación que tuve con unas personas que viven en la misma residencia que yo. Son mis vecinos y hablando en una cena, me pareció que hicieron referencia a algo relacionado con la unión entre personas del mismo sexo. No recuerdo exactamente qué dijeron pero sí que les pregunté si estaban de acuerdo con el matrimonio entre estas personas. 

En primer lugar, dijeron que el matrimonio es una concepción religiosa que ciertamente no tendríamos necesidad de aplicar en el caso. Pensamiento estrechamente ligado con sus creencias, por supuesto. Ambos ateos. Al menos, eso es lo que yo entendí. Que me parece razonable, claro. Y luego de mencionar que no entendían el sentido de la pregunta sobre la unión entre personas del mismo sexo comencé a sentirme ridícula. Al menos que lo que había cuestionado no tenía mucho sentido para su contexto. Es algo que tienen tan asimilado que realmente no se piensa porque, bueno, sería una pérdida de tiempo hacerlo.

Luego siguieron hablando de muchas cosas pero me quedé pensando en lo mucho que le falta a mi país. En Perú, todavía se "debate" sobre este tema. Hay quienes piensan que no se puede dar una unión civil entre personas del mismo sexo. Lo defienden con argumentos básicamente religiosos y alguna lectura literal de lo que tenemos en ciertas normas. Pero aún así, no se ha aprobado.

¿Cuándo será el día en que seamos el Estado laico que decimos ser? No tengo idea.
Personalmente creo el argumento de que todos somos iguales y, por lo tanto, debemos tener los mismos derechos es suficiente para aceptar la realidad sobre la que se discute. Simplemente eso. No me parece razonable hacer distinción basándonos en el gusto/amor que se tengan las personas entre sí. No tiene mucho sentido que digamos. 

Me pareció que hasta hace muy poco vivía en una realidad alejada de lo que yo creía que era lo correcto. Esa noche dejó de parecerme una cuestión de opiniones porque es un tema sobre el que debería existir, en mi humilde opinión, un consenso y punto final. Dejando de lado cuestiones culturales, hay temas sobre los que no se justifican diversas opiniones. ¿Política de no Discriminación? Está bien. ¿Respeto a los derechos? Está bien. ¿Protección a las minorías? Está bien. Nadie se atrevería a decir que considera que lo anterior es incorrecto porque hay ciertos temas sobre los que no cabe discusión. 



martes, 6 de junio de 2017

El abrazo en los ojos

29/09/16

¿Cuántas veces nos miramos a los ojos y descubrimos que se necesita un abrazo?
Muy pocas. 
¿Por qué? Porque por lo general nos encanta estar metidos en nuestro mundo. Tengo que hacer esto, mañana saldré para aquel lado, me falta hacer un proyecto, etecé. Y así pasamos la vida sin andar abrazando a la gente. 
Disculpa, deben pasar mil años de no verte para saludarte con alegría y abrazarte. ¿Vale? Vale.
*hace tiempo que no me pongo ezpañola, disculparás la nostalgia y el atrevimiento*

¿Y si abrazamos a alguien a quien vemos constantemente? ¿Por qué no?
Hoy me encontré con una amiga que no veía hace mucho pero la vi bastante decaída. Lo obvio fue preguntarle qué pasaba y ella me dijo que estaba enferma. PERO la cara de enfermedad es distinta a la de tristeza. Hay algo en los ojos, ¿sabes? Bueno, SABES. Sabes hace mucho que eso de que son la entrada al alma, es completamente cierto. Y puede sonar una ridiculez de esas que no te gusta decir, en plan súper romántico y demás pero no. Parece una tontería pero una mirada puede decir tantas cosas! Y bueno, hoy una mirada me dijo que el alma estaba triste y que esa persona necesitaba un abrazo.

La verdad es que curan demasiado.


domingo, 28 de mayo de 2017

Me mientes, ¿por favor?

Hola tú, hace muchísimos días que no te has sentado a escribir esta especie de diario que tienes aquí. Te cuento que te hacía mucha falta y además, obviamente, deberías estar avanzando con otras cosas pero esto es importante. ¿Oké? Oké.

Me encanta pensarme. Hace mucho que lo hago y honestamente me parece bastante enriquecedor. Me gusta saber cómo soy, si la forma en la que actúo/actué es la adecuada, si me agrada ser así, si es circunstancial o si he ido cambiando con el paso de los años y no lo había notado. Todo eso me parece fascinante, es darse un respiro del día a día y tratar de conocerse para poder quererse un poco más. A veces con el apuro, nos despertamos, corremos, “vivimos”, nos acostamos y repetimos el día. Una y otra vez. No quiero llegar a tener cuarenta años y descubrir que nunca pude detenerme un segundo a pensarme y quererme como soy. Entonze*, ésta es la oportunidad de recordarte algo que tuviste en la cabeza últimamente.
[*Todo lo que escribes tiene un por qué. Espero que sepas por qué estás escribiendo así.]

¿Te acuerdas que te gusta mucho la honestidad? Bueno, te sigue gustando.
Es uno de los valores que más rescato de las personas. Detesto que me mientan, soy de las personas que creen que es mejor una verdad que duela a tener una mentira que te haga sentir bien por un tiempo. Ahora, esto tiene un origen un poco confuso creo. Lo he pensado y me parece que tiene que ver con las promesas no cumplidas a lo largo de mi vida. Entonces, es claro que cuando alguien es trescientos por ciento honesto conmigo, simplemente es una cosa bella.
Claro, eso es lo que creías hasta este momento y me he sorprendido a mí misma en estas últimas semanas. He notado que he reaccionado de una forma inesperada para mi ser. Sabes que tienes una cuestión muy rara con esto de ser predecible y ser una loca calata. Hasta ahora no he podido encontrar el punto medio. Creo. De repente, sí. Dejo una nota mental de que eso debo pensarlo jajaja.

Voy a describirte la situación.
Sucede cuando te decepcionas de alguien. Te enteras de algo que nunca esperaste saber y deseas desde el fondo de tu frío corazón que sea mentira. Claro, hay una diferencia entre querer que sea mentira y querer que te mientan para justificar tu estupidez creyendo una mentira. Mi cabeza, razonable como ella sola, se situó en el segundo caso. ¿Por qué? Porque Claudia Saldaña.
De pronto, te encuentras rogándole al cielo que te mientan para evitar que tu corazón se destroce en quinientos veintiocho pedacitos de forma irregular que serán difíciles de pegar con goma.

Así, algo que jamás pensé que me pasaría, pasó. No quiero la verdad. No quiero la verdad porque ésa verdad es fea, duele, mala, no se toca. Y es estúpido. Según la Claudia que conozco, ésa no puede ser la reacción correcta en ningún supuesto. LA VERDAD TE HARÁ LIBRE. Me dije una vez y me lo he repetido desde siempre. Sin embargo, esta Claudia estaba esperando tapar lo evidente con un dedo. Espero que ya no te pase pero te cuento que quise olvidarme de las pruebas y creer en palabras. YO, Claudia Saldaña. YO que SIEMPRE he dicho: “Hechos, no palabras.”

Como podrás notar, me desconocí.
Mi cerebro está pasando por un proceso de desahuevamiento en el que sueño y deseo con todo mi corazón, ir a una tierra lejana volando en un dragón. Cristina, quien sabes que es la racional en tu vida, te ha cacheteado y obviamente no te dejó llegar a un nivel de estupidez estratosférico tal que creerías algo que es mentira (a todas luces). Porque estar un poco tonto puede pasarle a cualquiera pero llegar a serlo es un paso que no vamos a dar.

Ahora, esto me ha parecido una cuestión algo alarmante como te darás cuenta. De otra forma, no lo hubiera escrito. Es que siempre me he situado en el supuesto 1, querer que algo sea mentira, pero NUNCA querer que me mientan. Así que bueno, te lo cuento porque no quiero que se repita. Y además, necesitaba sacarlo de mi cabeza.


Por cierto, comienzo a dudar de que nunca me haya pasado antes. Es que soy bastante fría; por ende, la verdad es mejor aunque duela. Pero, ¿Cuándo quieres ser un poco nena y desear que nada haga daño? Pues se prefiere la mentira. Qué horrible, ¿no? 

martes, 10 de enero de 2017

Esa mirada.

Hace más de un año que no publico nada.
Tengo cuatro entradas sin terminar en la bandeja de este blog. Saben los dioses de qué tratarán.
En fin.
-

HOY -para no perder la costumbre de escribir cuando tengo otras cosas más urgentes que hacer- estoy escribiendo en un momento inapropiado. De cualquier forma, siempre me justifico. Nunca voy a olvidar la viñeta de Mafalda en la que dice que "lo urgente lo deja tiempo para lo importante". Bueno, esto es lo importante (para mí, obviamente) en este momento.

Me pasó una cosa muy extraña ayer.
Estaba yendo a comprar el regalo para mi padre porque hoy es su cumpleaños. Una cuadra antes de llegar al centro comercial, he visto a dos chicos hablando. Estaban muy felices ellos y yo bastante triste/preocupada/ansiosa (ya sabes, esa mezcla de sentimientos que suelen golpearte de vez en cuando). Bueno, la cuestión es que he cruzado la pista y el que estaba frente a mí me miró extrañado. Muy extrañado (para mi gusto, siendo una persona desconocida) y me ha sonreído. Y ha tenido una de las sonrisas más amigables y sinceras que he sentido en muchísimo tiempo. Lo he amado. Sí, sigues con esa terrible costumbre de andar enamorándote de personas desconocidas solo por nimiedades. Y desenamorándote a los quince minutos, pero ese es otro tema del que (al menos hoy) no hablaré contigo.

[No sabes hace cuánto querías sentarte a escribir cosas. Necesito eliminar algunos pensamientos de esta cabeza loca, mujer. Si no es hoy, no sé cuándo.]

Sobre su sonrisa.
Ha sido tan bonita. No lo sé, me ha sonreído como si le diera mucho gusto verme. Como es lógico, he respondido con la misma sonrisa, porque me ha dado gusto verlo. A un extraño. Me ha alegrado completamente el día. Lo he amado.

He caminado tratando de recordar si lo conocía de algún lado pero no he podido. Así que, con un poco de miedo, he volteado solo para saber si seguía sonriendo y él ha volteado al mismo tiempo a seguirme sonriendo. Qué estúpido, ¿no? Estúpida la sencillez con la que dos personas se alegran el día sin necesidad de más que una simple sonrisa. Una honesta y absurda sonrisa que responde a la nada, a un sentimiento indescriptible de ver a otra persona que, aunque desconocida, te pone feliz.

Y  no, no era de esas miradas pícaras o faltosas que te dicen directamente que no mereces un mínimo de respeto. No era como caminar con falda con el terror de ser mujer y, lamentablemente, tener piernas. Era caminar con la peor cara y hacer sonreír a alguien. Al menos una persona estaba feliz con mi cara de SeHaceTarde-DeboComprarEIrmeASAP. Y bueno, me ha puesto bastante feliz.

Me ha hecho recordar a otra persona desconocida.
Una con la que hemos cruzado miradas al encontrarnos con audífonos y cantando a viva voz en plena calle. Ha sido divertido. Me encantan. Esas personas que sin saberlo, te sonríen y te devuelven un poquito de fe en la humanidad. Aquellas que con un ligero movimiento en el rostro pueden sonrojarte y cambiarte el día.

Así quiero ser yo.
Así deberíamos ser, ¿no?
Desconocidos tratando de alegrarnos la vida mutuamente.
Qué bonito sería todo si nos dedicáramos a sonreír por las cosas que nos gustan.

Una de las cosas más hermosas del día es caminar por el parque que queda cerca a donde vivo. No sé si haya algo así como temporada de mariposas pero salir a ver el espectáculo de verlas volar es simplemente maravilloso. Son bonitas las mariposas. Me gusta la palabra "bonito". Espero que no deje de gustarte nunca, es una palabra muy bonita. Me gusta su significado. Es bonito.


[Nota #94h75j62: Dejar la weed.]
[AhTeCreas]
[Espero que te rías de mis sonseras. Chau.]
[TeQuiero.YMeQuiero]

No voy a ser mamá.

  ¿Por qué no quiero tener hijos? Porque la ropa de barbie original cuesta 40 soles y yo soy compradora compulsiva no diagnosticada. Hoy L...