domingo, 28 de mayo de 2017

Me mientes, ¿por favor?

Hola tú, hace muchísimos días que no te has sentado a escribir esta especie de diario que tienes aquí. Te cuento que te hacía mucha falta y además, obviamente, deberías estar avanzando con otras cosas pero esto es importante. ¿Oké? Oké.

Me encanta pensarme. Hace mucho que lo hago y honestamente me parece bastante enriquecedor. Me gusta saber cómo soy, si la forma en la que actúo/actué es la adecuada, si me agrada ser así, si es circunstancial o si he ido cambiando con el paso de los años y no lo había notado. Todo eso me parece fascinante, es darse un respiro del día a día y tratar de conocerse para poder quererse un poco más. A veces con el apuro, nos despertamos, corremos, “vivimos”, nos acostamos y repetimos el día. Una y otra vez. No quiero llegar a tener cuarenta años y descubrir que nunca pude detenerme un segundo a pensarme y quererme como soy. Entonze*, ésta es la oportunidad de recordarte algo que tuviste en la cabeza últimamente.
[*Todo lo que escribes tiene un por qué. Espero que sepas por qué estás escribiendo así.]

¿Te acuerdas que te gusta mucho la honestidad? Bueno, te sigue gustando.
Es uno de los valores que más rescato de las personas. Detesto que me mientan, soy de las personas que creen que es mejor una verdad que duela a tener una mentira que te haga sentir bien por un tiempo. Ahora, esto tiene un origen un poco confuso creo. Lo he pensado y me parece que tiene que ver con las promesas no cumplidas a lo largo de mi vida. Entonces, es claro que cuando alguien es trescientos por ciento honesto conmigo, simplemente es una cosa bella.
Claro, eso es lo que creías hasta este momento y me he sorprendido a mí misma en estas últimas semanas. He notado que he reaccionado de una forma inesperada para mi ser. Sabes que tienes una cuestión muy rara con esto de ser predecible y ser una loca calata. Hasta ahora no he podido encontrar el punto medio. Creo. De repente, sí. Dejo una nota mental de que eso debo pensarlo jajaja.

Voy a describirte la situación.
Sucede cuando te decepcionas de alguien. Te enteras de algo que nunca esperaste saber y deseas desde el fondo de tu frío corazón que sea mentira. Claro, hay una diferencia entre querer que sea mentira y querer que te mientan para justificar tu estupidez creyendo una mentira. Mi cabeza, razonable como ella sola, se situó en el segundo caso. ¿Por qué? Porque Claudia Saldaña.
De pronto, te encuentras rogándole al cielo que te mientan para evitar que tu corazón se destroce en quinientos veintiocho pedacitos de forma irregular que serán difíciles de pegar con goma.

Así, algo que jamás pensé que me pasaría, pasó. No quiero la verdad. No quiero la verdad porque ésa verdad es fea, duele, mala, no se toca. Y es estúpido. Según la Claudia que conozco, ésa no puede ser la reacción correcta en ningún supuesto. LA VERDAD TE HARÁ LIBRE. Me dije una vez y me lo he repetido desde siempre. Sin embargo, esta Claudia estaba esperando tapar lo evidente con un dedo. Espero que ya no te pase pero te cuento que quise olvidarme de las pruebas y creer en palabras. YO, Claudia Saldaña. YO que SIEMPRE he dicho: “Hechos, no palabras.”

Como podrás notar, me desconocí.
Mi cerebro está pasando por un proceso de desahuevamiento en el que sueño y deseo con todo mi corazón, ir a una tierra lejana volando en un dragón. Cristina, quien sabes que es la racional en tu vida, te ha cacheteado y obviamente no te dejó llegar a un nivel de estupidez estratosférico tal que creerías algo que es mentira (a todas luces). Porque estar un poco tonto puede pasarle a cualquiera pero llegar a serlo es un paso que no vamos a dar.

Ahora, esto me ha parecido una cuestión algo alarmante como te darás cuenta. De otra forma, no lo hubiera escrito. Es que siempre me he situado en el supuesto 1, querer que algo sea mentira, pero NUNCA querer que me mientan. Así que bueno, te lo cuento porque no quiero que se repita. Y además, necesitaba sacarlo de mi cabeza.


Por cierto, comienzo a dudar de que nunca me haya pasado antes. Es que soy bastante fría; por ende, la verdad es mejor aunque duela. Pero, ¿Cuándo quieres ser un poco nena y desear que nada haga daño? Pues se prefiere la mentira. Qué horrible, ¿no? 

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