viernes, 12 de diciembre de 2014

Al baño.

No importaba cuántas veces sacara la cuenta, 
siempre me faltaban algunas monedas o billetes. 
Decidí que debía ir al baño con mi billetera. 
Ésa era la única solución.

Ojalá pudiera etiquetarlo como uno de los cuentos de Morfeo pero es verdad y honestamente ya no quiero quejarme. Me incomoda quejarme, me incomodan cuando me quejo. Ya no me quejo, y sé que no debería ser así pero cuando piensas en el "poco" tiempo que queda para irte, entonces decides que ni te molestarás en hacerle saber que te falta dinero. No, serás feliz con diez céntimos y esos diez céntimos serán respetados porque es tu casa y eso es ley. El dinero no se pierde y las cosas tampoco. Están donde las dejaste (si te acuerdas, claro).

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