sábado, 9 de enero de 2016

No me despierten.

Uf. Hace mil años que no escribía. 
Pero como tengo un sentimiento hecho bolita pues se me hace justo y necesario.

Comienzo. 
No me quiero ir.
Simplemente eso. No me quiero ir. Y sé que tengo amigos chingando con que regrese pero me vale madres. (#VivaMéxicoCabrones jajaj - Aunque viniste a España, Claudia. Te lo recuerdo.)

En fin. El punto es que exactamente en un mes y dos días vuelo a Perú. Hoy me ha golpeado muy fuerte. Salí a correr para "relajarme" (imposible porque siempre me pongo a pensar en cosas) y me golpeó la idea esta de que extrañaré absolutamente todo. No sé siquiera cómo describirlo pero lo más preciso sería algo así como que quiero abrazar Sevilla (?). Físicamente imposible pero ya quisiera envolver todo o hacerme un solo ser con el lugar. No sé. Solo no me quiero ir.

Tengo días en que pienso cómo será cuando esté en Lima, yendo a la PUCP every single day. Algunas veces siento que estaré demasiado feliz porque sé que regresaré a Sevilla, a verla aunque sea una vez más en mi vida (que espero sean mil veces más pero me pongo extrema). Estaré sonriendo, me importará un carajo la estupidez humana, el tráfico, el color Castañeda, la política, las clases, etcétera infinito. No podré parar de sonreír, tal como me pasa aquí. Hoy me di cuenta de que no he tenido días sin sonrisa desde que llegué. No sé, no me recuerdo muy bien antes de estar aquí. Sé que eso último está mal pero, no sé, me gusta estar aquí. Y otras veces siento que estaré muy triste. Que voy a querer ir a la universidad caminando, voy a querer viajar, leer lo que me gusta, conocer nuevas personas, mirar Sevilla desde mi piso, hacer mil actividades, mirar el cielo azul del invierno, etcétera infinito. Pienso que voy a querer llorar y si eso pasa, espero que me toleren porque no será a propósito. No lo podré controlar, espero que comprendan que realmente me gustó mucho este semestre. Sobre todo porque me encantan los cambios y siento que volver a la rutina me deprimirá un poco. 

No Claudia, no necesitas un libro de autoayuda. Siguen sin gustarte así que tranquila. Lo que me parece extraño es que me sienta así AHORA. Me conozco y sé que soy de las personas que no se emocionan, ilusionan o lloran hasta que llegue el momento. Si no está pasando ahora, es un sentimiento futuro que no tiene sentido tenerlo ya. Puede esperar, Claudia. La pena debería sentirla como dentro de un mes, ¿no? Algo debe estar fallando o es que no sé cómo he cambiado. 

Nunca escogiste este lugar, ¿sabes?
Lo de mandar la solicitud de intercambio solo "para ver si", terminó siendo uno de los grandes dolores de cabeza que has tenido en los últimos años. No quería venir. No me quiero ir, repetí mil veces. Básicamente porque nunca lo escogí de verdad, porque en una convocatoria random se me ocurrió amenazar con huir del país mientras pedía el número de mi pasaporte. Lo rápido que todos asumieron que tenía que venir me chocó tanto que no busqué una sola imagen de este lugar y solo hasta el final supe de la universidad y de la residencia en donde viviría. Como esas cosas que quieres dejar al último (como ahora que debo estudiar para mis finales. Yehi.) porque no las quieres hacer. Y terminé viniendo, sin sentir ninguna sola emoción hasta, como siempre, el final. 
Luego de pisar España, no me he arrepentido ni un solo segundo de haberlo hecho. 
Ha sido ES una increíble experiencia.

En fin. 
Estos últimos días he pasado horas mirando el cielo. Me encanta. No lo quiero dejar. Suena muy egoísta pero ése es el verbo: querer. 
Por el momento no tengo tiempo así que dejaré de llorar internamente hasta nuevo aviso. 

Este foto no le hace justicia a lo hermoso que se veía el cielo.


Es. Real.

Del 16/11/15. 
No recuerdo porqué no lo había puesto pero estoy segura que no lo terminé de escribir.

Hace un par de días sucedió un atentado en París. Más de cien personas murieron por el ataque de terroristas en la ciudad. Nadie sale de su casa pensando que algo malo le sucederá, mucho menos si solo decidió salir a dar un paseo, ir a un concierto o a ver un partido de fútbol.
Es obvio que debe lamentarse el hecho.

Como peruana, sé que cuando estuve en mi país y escuché las noticias del conflicto en Siria me causaron tremendo impacto que en este siglo sigamos con ese tipo de conflictos pero no pasó más allá de eso. Son cosas que pasan muy lejos de aquí. Claramente no me generó miedo, me da más terror salir a la calle en Lima sin saber si alguna bestia al volante puede importarle poco mi vida. En Perú, tengo más miedo de que por quitarme un par de cosas me hagan daño. Miedo de subir a un taxi y realmente no saber si llegaré a mi casa a salvo. En Perú tengo pena de la pobreza, de la pésima educación, de los políticos conchudos, de la corrupción y de situaciones por el estilo. Tenemos otras cosas en qué preocuparnos, es cierto.

Pero es como vivir aislado, ¿no?
Ayer le comentaba a mi madre que en Sevilla no me siento preocupada. Aunque estemos cerca de Francia y la locura esté invadiendo al mundo, creo que no me pasará nada. Obviamente deben evitarse lugares muy concurridos y demás pero no pasa de ello.
Sin embargo, cuando le contaba sobre ese día le dije lo terrible que fue para mí ver a una amiga francesa destrozada por la noticia. No tenía información de una persona cercana que estaba en París y solo podía llorar. Cómo cambiaron las cosas.

Es muy distinto enterarse las noticias desde el otro lado del mundo, con la tranquilidad de que mi país no tiene nada que ver y que eso no tendrá repercusiones allá. Por suerte, mi amiga pudo contactarse y se tranquilizó. Pero, ¿y si no? ¿si realmente me hubiera topado con alguien que acababa de perder a un ser querido debido al atentado? Que el universo no lo quiera, pero la posibilidad estaba allí.

Fue muy extraño observar cuando las noticias se vuelven reales. 

No voy a ser mamá.

  ¿Por qué no quiero tener hijos? Porque la ropa de barbie original cuesta 40 soles y yo soy compradora compulsiva no diagnosticada. Hoy L...