miércoles, 3 de febrero de 2016

Me fui a/de Sevilla

En exactamente cinco días te tienes que ir de Sevilla.
Hoy rompiste tu récord de días sin llorar: ya ibas tres semanas.

Tengo una mezcla de sensaciones completamente extraña. Sé que dije rotundamente que no me quería ir de aquí pero últimamente tengo recuerdos que vienen a mi memoria, me ponen feliz y me hacen querer regresar pero no sé. De repente es que ya estoy asimilando que me tengo que ir, quién sabe.

Jamás pensé enamorarme tanto de una ciudad. No sólo me ha agradado la estadía sino que es realmente hermosa, todos deberíamos tener la oportunidad de conocerla al menos una vez en nuestra vida. Antonio Gala dijo muy acertadamente "Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo... lo peor es que puede que tengan razón". Me gusta que no sea una ciudad tan grande como para angustiarte de lo caótica, ni tan pequeña como para aburrirte de lo tranquila que puede ser. No es que sea la única ciudad que me encante tampoco, mi Perú es muy bonito. Por donde lo mires tiene mil cosas hermosas pero debe ser que la sorpresa que me tenía guardada Sevilla me impactó y ha calado mucho más en mí que cualquier otro lugar. Nunca busqué fotos ni estuve informada de a dónde vendría así que ha sido muy grato encontrarme con estas calles.

Me tardaría muchísimo en describir cada uno de los lugares que he visto aquí. Cada pequeño rincón con su imprescindible balcón y flores encantan a cualquiera. Tiene un color especial, eso es más que seguro. Aún me queda por ver un par de lugares a los que muero por ir desde el inicio pero lo urgente no ha dejado tiempo. Por suerte tengo varios días para contemplar los atardeceres desde diferentes puntos.

Tus clases han terminado hace ya varias semanas y ha comenzado la etapa difícil: despedirse.
Tengo que decirle adiós a mi cuarto, a mi piso, a las calles, a la universidad, los lugares, etc. Pero sobretodo, duele decirle adiós a los amigos. No soy de las personas que se encariñan rápidamente con los demás, de hecho suelo desconfiar al inicio. Creo que evita muchas decepciones en esta corta vida (noté hace poco que aunque fueran 100 años no me alcanzarán para hacer todo lo que quisiera). Sin embargo, cuando personas que hace unos meses eran completamente desconocidos se convierten en tu familia no es tan fácil dar el último abrazo. A pesar de todo, me sigo negando a decirle propiamente el último porque sé que los volveré a encontrar. Saben que tengo una casa en sus países y que tienen una en Perú o donde sea que yo me encuentre. Son todos más que bienvenidos, sobre todo si quieren hacer un viajecito por ahí. Siempre es bueno una escapada.

Dejaré de ponerme un poco triste e iré a seguir disfrutando de lo que queda.
Por siempre, gracias Sevilla.

sábado, 9 de enero de 2016

No me despierten.

Uf. Hace mil años que no escribía. 
Pero como tengo un sentimiento hecho bolita pues se me hace justo y necesario.

Comienzo. 
No me quiero ir.
Simplemente eso. No me quiero ir. Y sé que tengo amigos chingando con que regrese pero me vale madres. (#VivaMéxicoCabrones jajaj - Aunque viniste a España, Claudia. Te lo recuerdo.)

En fin. El punto es que exactamente en un mes y dos días vuelo a Perú. Hoy me ha golpeado muy fuerte. Salí a correr para "relajarme" (imposible porque siempre me pongo a pensar en cosas) y me golpeó la idea esta de que extrañaré absolutamente todo. No sé siquiera cómo describirlo pero lo más preciso sería algo así como que quiero abrazar Sevilla (?). Físicamente imposible pero ya quisiera envolver todo o hacerme un solo ser con el lugar. No sé. Solo no me quiero ir.

Tengo días en que pienso cómo será cuando esté en Lima, yendo a la PUCP every single day. Algunas veces siento que estaré demasiado feliz porque sé que regresaré a Sevilla, a verla aunque sea una vez más en mi vida (que espero sean mil veces más pero me pongo extrema). Estaré sonriendo, me importará un carajo la estupidez humana, el tráfico, el color Castañeda, la política, las clases, etcétera infinito. No podré parar de sonreír, tal como me pasa aquí. Hoy me di cuenta de que no he tenido días sin sonrisa desde que llegué. No sé, no me recuerdo muy bien antes de estar aquí. Sé que eso último está mal pero, no sé, me gusta estar aquí. Y otras veces siento que estaré muy triste. Que voy a querer ir a la universidad caminando, voy a querer viajar, leer lo que me gusta, conocer nuevas personas, mirar Sevilla desde mi piso, hacer mil actividades, mirar el cielo azul del invierno, etcétera infinito. Pienso que voy a querer llorar y si eso pasa, espero que me toleren porque no será a propósito. No lo podré controlar, espero que comprendan que realmente me gustó mucho este semestre. Sobre todo porque me encantan los cambios y siento que volver a la rutina me deprimirá un poco. 

No Claudia, no necesitas un libro de autoayuda. Siguen sin gustarte así que tranquila. Lo que me parece extraño es que me sienta así AHORA. Me conozco y sé que soy de las personas que no se emocionan, ilusionan o lloran hasta que llegue el momento. Si no está pasando ahora, es un sentimiento futuro que no tiene sentido tenerlo ya. Puede esperar, Claudia. La pena debería sentirla como dentro de un mes, ¿no? Algo debe estar fallando o es que no sé cómo he cambiado. 

Nunca escogiste este lugar, ¿sabes?
Lo de mandar la solicitud de intercambio solo "para ver si", terminó siendo uno de los grandes dolores de cabeza que has tenido en los últimos años. No quería venir. No me quiero ir, repetí mil veces. Básicamente porque nunca lo escogí de verdad, porque en una convocatoria random se me ocurrió amenazar con huir del país mientras pedía el número de mi pasaporte. Lo rápido que todos asumieron que tenía que venir me chocó tanto que no busqué una sola imagen de este lugar y solo hasta el final supe de la universidad y de la residencia en donde viviría. Como esas cosas que quieres dejar al último (como ahora que debo estudiar para mis finales. Yehi.) porque no las quieres hacer. Y terminé viniendo, sin sentir ninguna sola emoción hasta, como siempre, el final. 
Luego de pisar España, no me he arrepentido ni un solo segundo de haberlo hecho. 
Ha sido ES una increíble experiencia.

En fin. 
Estos últimos días he pasado horas mirando el cielo. Me encanta. No lo quiero dejar. Suena muy egoísta pero ése es el verbo: querer. 
Por el momento no tengo tiempo así que dejaré de llorar internamente hasta nuevo aviso. 

Este foto no le hace justicia a lo hermoso que se veía el cielo.


Es. Real.

Del 16/11/15. 
No recuerdo porqué no lo había puesto pero estoy segura que no lo terminé de escribir.

Hace un par de días sucedió un atentado en París. Más de cien personas murieron por el ataque de terroristas en la ciudad. Nadie sale de su casa pensando que algo malo le sucederá, mucho menos si solo decidió salir a dar un paseo, ir a un concierto o a ver un partido de fútbol.
Es obvio que debe lamentarse el hecho.

Como peruana, sé que cuando estuve en mi país y escuché las noticias del conflicto en Siria me causaron tremendo impacto que en este siglo sigamos con ese tipo de conflictos pero no pasó más allá de eso. Son cosas que pasan muy lejos de aquí. Claramente no me generó miedo, me da más terror salir a la calle en Lima sin saber si alguna bestia al volante puede importarle poco mi vida. En Perú, tengo más miedo de que por quitarme un par de cosas me hagan daño. Miedo de subir a un taxi y realmente no saber si llegaré a mi casa a salvo. En Perú tengo pena de la pobreza, de la pésima educación, de los políticos conchudos, de la corrupción y de situaciones por el estilo. Tenemos otras cosas en qué preocuparnos, es cierto.

Pero es como vivir aislado, ¿no?
Ayer le comentaba a mi madre que en Sevilla no me siento preocupada. Aunque estemos cerca de Francia y la locura esté invadiendo al mundo, creo que no me pasará nada. Obviamente deben evitarse lugares muy concurridos y demás pero no pasa de ello.
Sin embargo, cuando le contaba sobre ese día le dije lo terrible que fue para mí ver a una amiga francesa destrozada por la noticia. No tenía información de una persona cercana que estaba en París y solo podía llorar. Cómo cambiaron las cosas.

Es muy distinto enterarse las noticias desde el otro lado del mundo, con la tranquilidad de que mi país no tiene nada que ver y que eso no tendrá repercusiones allá. Por suerte, mi amiga pudo contactarse y se tranquilizó. Pero, ¿y si no? ¿si realmente me hubiera topado con alguien que acababa de perder a un ser querido debido al atentado? Que el universo no lo quiera, pero la posibilidad estaba allí.

Fue muy extraño observar cuando las noticias se vuelven reales. 

No voy a ser mamá.

  ¿Por qué no quiero tener hijos? Porque la ropa de barbie original cuesta 40 soles y yo soy compradora compulsiva no diagnosticada. Hoy L...