martes, 31 de marzo de 2015

Ay, tú. Ay, yo.

En este mundo de locos, me he encontrado con muchas personas, cada una más loca que la siguiente. [Haré omisión a mi condición psicológica porque no se relaciona con lo que quiero decir hoy] Todos distintos, tratando de hacer algo con sus vidas y, bueno, todo bien en eso. He tenido la suerte de toparme con gente que no necesariamente piensa como yo pero que no por eso me tendrá menos estima de la que yo les tengo. Es bonito eso. De hecho, una de mis mejores amigas va a la Marcha por la vida, y esas cosas que yo no sé si haría. En fin.

Antes de que me pierda pensando en lo que no sé si haría, comienzo por lo que vine. Últimamente se me ha dado por analizar mucho las cosas que pasan alrededor de mí. Probablemente sea síntoma de que mi madre tenía razón al insistir en que vaya al psicólogo. Iré mamá, si piensas que estoy loca, iré. Gracias hija, ve. Las actitudes de las personas, lo que dicen, lo que hacen, lo que dicen que hacen, lo que hacen y no dicen, infinidades de cosas, todo esto trata de ser pensado por mi cabeza. 

Si bien yo no creo que tengo LA visión correcta del mundo, hay algo en lo que creo que deberíamos concordar. No somos nadie para juzgar a los demás. No podemos opinar sobre la vida de otra persona sin realmente conocerla. 

En la clase de Ética de hoy vimos la relación entre ética y éxito. Sí, ese curso al que casi nadie le da relevancia en la facultad. Para ser justos, en la vida. Y bueno, el punto es que el nexo entre ambos conceptos iba a definirse de acuerdo a lo que se entendiera por éxito. ¿Qué cosa es ser exitoso? Y ahí lo recordé. Hace días escuché a unos compañeros. Pero, ¿a quién le ha ganado? ¿a Fulanito? ¿y quién es él? jajaja No va a llegar a ser nada. Increíblemente ellos lo tomaron a la ligera pero yo lo sentí mucho. No porque se hablara de un conocido en específico sino que me causó extrañeza que alguien pudiera decir eso sobre alguien más. 

Yo, Claudia Cristina, no soy la alumna más brillante, ni la más aplicada, ni la más participativa. Tampoco tengo millones de amigos, ni desbordo amabilidad o alegría cada segundo de mi vida. No tengo la familia perfecta y, ni por asomo, yo me acerco a esa idea de perfección. Pero es bonito. ¿Quiere decir eso que no seré nada? Y cuando digo las cosas que me gustan decir (muchas veces tontas y aleatorias), ¿eso es señal de que no soy buena? Para estas personas, la definición de "ser alguien" era completamente distinta a la que yo tengo, como es obvio. Quizás pensaron que ser exitoso significaba ser un excelente alumno. Alguien que tenga las mejores notas, que reciba los más fuertes aplausos, que tenga diplomas o que termine la carrera con alguna señal de su alta calidad académica. Y bueno, eso para mí, no es éxito. [Haré caso omiso a mis ataques de pánico por los controles de esta semana. Trataré de restarle importancia a estos tortuosos exámenes.] 

Estaba pensando en que el éxito se relaciona (o debería, según Saldaña:2015) con la satisfacción que uno encuentra haciendo lo que quiere. El problema está cuando uno quiere medir a los demás según su propio concepto de éxito. Entonces, detente. Si soy feliz, ¿cuál es el tema? Pues ninguno, si soy feliz no hay asunto. Si soy feliz, no deberían tratar de hacer calzar mi felicidad en su molde de éxito. Así que he decidido, a raíz de los recientes eventos, descubrir exactamente qué me genera felicidad. Definitivamente no serán las lecturas de contratos. Pero si a alguien más le da una hermosa sensación, pues bien.


---
PD para la Claudia de cualquier edad: 
Leí sobre un reto personal de pasar 24 horas sin exteriorizar ninguna clase de queja frente a los demás y luego aumentar el número de horas. Trataré de hacerlo, suena saludable.


viernes, 27 de marzo de 2015

Charlando, charlando

Me acabo de encontrar con un amigo que no veía hace mucho. Hace tanto que no recordaba su nombre. Lo encontré espiando cuidadosamente a otra amiga, esperando a que ella voltee para saludarla tan efusivamente como sabe hacerlo. Ella no se había dado cuenta pero la misma sonrisa que tuve cuando lo vi fue la que ella puso al voltear. Por obra y gracia del señor, mi amiga le dijo su nombre. Jamás seré buena con los nombres. Y menos el suyo, creo que incluso cuando lo veía seguido no podía recordarlo. En fin.

Ha comenzado a hablarme de las cosas de la vida, de cómo le va, que llevo tantos cursos, que viajé a tal sitio, que mi familia es así y demás. La verdad es que yo esperaba dirigirme sin distracciones a la biblioteca para terminar un trabajisho que muy contenta acepté hacer hace unos días. Sí, caminar hacia esta biblioteca en la que estoy haciendo el resumen de la última hora de mi vida en lugar de resumir a Bianca. Bueno, no creo que mi amigo Massimo vaya a incomodarse por dejar para después la lectura sobre el contrato, así que todo bien.

Lo que me parece increíble es lo mucho que aprendí en ese corto tiempo de la conversación. Aprendí cosas tan valiosas como lo importante que es escuchar. Aprendí que debo reaccionar siempre luego de haber pensado. Me di cuenta de que mi amigo es cuidadoso al hablar, que elige sus palabras y que su conversación podría fácilmente ser un discurso si le diera un micrófono. Me encantó encontrármelo y hablar. Me encanta encontrarme a las personas y hablar. En general, suelo hablar bastante cuando estoy con alguien pero hay momentos en los que prefiero escuchar. Puedo pasar tranquilamente quince minutos captando todo sin intervenir sólo porque me parece interesante. Pero, del mismo modo, puedo pasar sin ningún inconveniente media hora tratando de descifrar si lo que dice o las actitudes de la persona en frente de mí son producidas por una mala noche de sueño, el abuso de alguna sustancia especial o simplemente es la imbecilidad que a muchas personas ataca. Me parece fascinante conocer a las personas.

Probablemente ésa sea una de las cosas que más me gusta hacer en este mundo. Cada uno tiene muchísimos detalles. Conocer a alguien implica dedicación, más si esa persona está llena de contradicciones como suele suceder. Mientras lo escuchaba, y estaba atenta quiero recalcar (quiero recalcarlo porque a veces una idea hace que me pierda y mi cerebro comience a correr libremente por cualquier otro lado menos en el ahora. Pero esta vez no.) Bueno, mientras lo escuchaba me di cuenta de que charlar trae consigo una bonita sensación. Cada vez que escucho atentamente a alguien suelo tener en la cabeza que ése es uno de los momentos que recordaré cuando sea una anciana. Ese momento en que preferí elegir que esos minutos serían destinados a aprender. Espero encontrarme a más personas, esto definitivamente me puso feliz.

jueves, 26 de marzo de 2015

Rehab

*Antes de la mudanza*

They tried to make me go to rehab, and I said yes, Yes, YES!

Cada vez que regreso a mi casa es como si estuviera en rehab. Todo vuelve a la normalidad para mi cuerpo y cerebro. Mi familia, mi cuarto, mi cama, el cielo, los colores, las frutas, las pinturas, los sonidos, todo me encanta. Dejo todo lo que pasó en el ciclo, dejo a Lima y su tráfico, a la universidad, las lecturas, etcétera y regreso a mi casa. Cada fin de ciclo soy feliz.

En mi casa me rio casi todo el día. Ñe, mentira. Tampoco tanto. Pero en la noche siempre siento que estuve todo el día feliz. Raro,  ¿no? Y me voy a dormir tranquila, sabiendo que mañana despertaré acá. Soy una nenaza. (Paréntesis: no sé por qué para escribir con valor aumentativo, he notado que lo hacen con S, como grandasa o piscinasa pero es con Z así que tranquila.) En fin, creo que me he puesto así, un poco feeling, porque en un par de semanas nos mudaremos. Bueno, son mis últimos días aquí así que a disfrutar por ahora.

A mí me encanta porque en mi familia todos parecemos estar algo conectados. Al menos cuando hacemos una broma tenemos el mismo sentido del humor. Me gusta que sea mi hermana menor la que ahora nos hace un poquito de bullying y que ponga en práctica todos estos años de lecciones. Años en que, debo admitir, me he esforzado por transmitirle mi sabiduría. Ayer al llegar de hacer las compras mi hermano nos abrió la puerta. Obviamente ayudó cargando más de una de las bolsas. Pero como nos gusta fastidiarlo... Uy, ¡pero qué fuerte este chico! ¡No puede ser posible! ¿Acaso está cargando cuatro bolsas llenas de... papel higiénico? Jajaja ¡Es una fuerza sobrehumana! Él ya se acostumbró a que lo tratemos así, sabe que no están llenas de papel pero ya no le molesta. Lo mismo cuando vio que en una de ellas habían latas de Pringles. ¿Son para mí? Nosotras sabemos que son para él porque come todo lo que encuentra pero igual le dijimos no. Le dije no son para tu consumo. Nos miramos a los ojos y le dijimos al unísono: ¡Somos Pringles, pero no para tu consumo! Es bueno que tengamos cosas en común cuando vemos videos. Es bueno que tengamos en común que somos familia.



No voy a ser mamá.

  ¿Por qué no quiero tener hijos? Porque la ropa de barbie original cuesta 40 soles y yo soy compradora compulsiva no diagnosticada. Hoy L...