Semana 3
Hicimos el MBTI pero antes nos enviaron un test para escoger entre
dos palabras.
Dos palabras, escoger entre dos palabras, todo un desafío. Era uno de esos test que te hacen creer que estás loca mientras los resuelves. Una loca porque te encuentras respondiendo una cosa y luego te das cuenta de que lo último ya no concuerda con lo primero, que es completamente lo opuesto y que en lugar de estar desarrollando ese test deberías buscar un psicólogo con urgencia. Al menos ya calmaron nuestras dudas y tengo la misma respuesta en el test que hicimos en clase con el que era online. No es tan sencillo responder si estás en un lado u otro, es todo un tema porque te sientes de una forma en ciertas situaciones y de otra completamente distinta si es que lo piensas en otro contexto. No sé realmente cómo sentirme al respecto pero bueno.
Esta semana me dijeron que era como una adicta. Me siento como una adicta. Dije que no vería las medias de las notas y traté de resistirme a sentirme mal por eso pero el jueves no pude. Simplemente colapsé por mis notas. La falta de sueño claramente me afecta y hacer un horario de 7am a 8.30pm no es una gran idea. Así que habiendo dormido únicamente tres horas y sintiéndome más cansada que cualquier otro día, llegaron las seis de la tarde y solo quería dormir.
Me acordé del examen de Laboral, ¿por qué no marqué lo que sabía? Me pasó que suelo leer las preguntas de VoF y solo marcarlas si estoy completamente segura pero escribir lo primero que se me viene a la mente al costado. Entonces al terminar de hacer las de resolver olvidé marcar las de arriba y morí lentamente cuando lo recordé. Sé que un quince no es una mala nota pero me sentí estúpida. Recoger el examen y ver que tienes el puntaje completo en las preguntas para escribir (que no esperabas pero igual) tampoco me hace sentir mejor.
Colapsé también porque recordé que la nota de participación en el curso con el tema que menos me gusta es 20% y que no hablé en todo el ciclo porque lo único que puedo pensar en esas tres horas (usualmente sin break) es: ¿cómo a alguien le puede interesar esto? y no me nace cuestionar nada ni pensar mucho entonces no hablo. Como tampoco creo que soy un loro que repite conceptos, las preguntas dirigidas a ese tipo de respuestas son simplemente rechazadas por mi cerebro y ni me digno en levantar la mano.
Me sentía aún peor cuando recordé lo de la práctica dirigida. Como sabes, sueles sentarte con una pierna encima de la silla (aún no estoy segura de si debas cambiar eso o no, ya lo pensaré luego). Entonces, la profesora me hizo una pregunta porque pensaba que estaba distraída y no había entendido nada. Lo sé porque yo sabía en ese momento que tenía exactamente la cara de Notengoideadequécursoeséste aunque en realidad estaba presente no sólo en cuerpo. Como respondí bien, continuó: ¿Tienes algo en la pierna?. Yo sólo sonreí y le dije que no. Entonces ella se rió y dijo "Como te veo sentada así..." con un tono burlón que me hizo sonrojar e hizo que todos se rieran con ella. Y no moví mi pierna. Hasta que se le ocurrió decir "Es que antes se enseñaba algo que se llama... ¿cómo se llama?... Ah, modales" y siguió su clase.
Y morí por dentro, bajé mi pierna y me sentí irrespetuosa. Me sentí tan mal, y me sentí peor por saber que eso era una tontería pero igual me afectaba. Me sentí triste porque el respeto es uno de los valores que ya he definido desde hace mucho tiempo como uno que no puede faltar (junto a la honestidad, esos dos son fijos) y, a su parecer, yo estaba siendo irrespetuosa. Nunca nadie me dijo nada: ni mis amigos o profesores y me sentí traicionada porque aparentemente había sido una irrespetuosa todo este tiempo y no lo sabía. ¡Pero es una tontería! - me gritaba Cristina. Pero Claudia quería llorar y no sabía por qué se hacía todo un enredo por un simple comentario de alguien que no se encuentra en la lista de personas relevantes en mi vida y que, por ende, no debería afectarme pero eres así y te importa. Te importa porque piensas que no te conocías entonces y que no fuiste quien pensabas que eras.
Hasta que me di cuenta de que la misma persona a la que le parezco irrespetuosa a mí me parece irrespetuosa. No le importa que estemos en clase, si debe responder su celular lo hace. Y eso a mí me parece de lo peor pero a ella no. Y como ves, tenemos distintos conceptos de respeto porque ni la veo sentir un poco de malestar por andar respondiendo mientras la miramos pensando en que en lugar de verla responder su llamada podríamos estar disfrutando el día fuera del salón...
Sobre lo de ser adicta, bueno, tampoco era una palabra descabellada. Es que esa persona me explicó que al inicio estuve súper animada, decidida a cambiar y dejar los malos hábitos. Nada podía vencerme, soy lo que quiero ser y mil cosas más, etcétera. Pero llegan las recaídas y estas suelen ser fuertes. En mí aparentemente mucho más porque me encontraba sentada en una mesa del comedor, con toda la gente alrededor, a punto de llorar por la recaída y a abrazar mi odio por la facultad.
Pero de pronto, comenzamos (o comenzó, no lo recuerdo bien) a analizarlo como una de esas relaciones amorosas en las que la tortura es el punto de partida. Te quiero así que no quiero que te vayas aunque me haces daño. Pero… te quiero así que no quiero que te vayas. Y uno se queja con los demás así que todos aconsejan que lo dejes pero no quieres/puedes. Lo mismo con Derecho, nos quejamos y como siempre, salta la creativa sugerencia: ¡Entonces cámbiate! Y sólo te dan ganas de cachetear a esa persona porque pasaste media hora diciéndole todos los contras pero sólo tú sabes que hay algo más que te engancha a seguir ahí, que quizás no está claro pero que sabes que está (o quieres creerlo, al menos). Te quiero así que no me quiero ir.
Dos palabras, escoger entre dos palabras, todo un desafío. Era uno de esos test que te hacen creer que estás loca mientras los resuelves. Una loca porque te encuentras respondiendo una cosa y luego te das cuenta de que lo último ya no concuerda con lo primero, que es completamente lo opuesto y que en lugar de estar desarrollando ese test deberías buscar un psicólogo con urgencia. Al menos ya calmaron nuestras dudas y tengo la misma respuesta en el test que hicimos en clase con el que era online. No es tan sencillo responder si estás en un lado u otro, es todo un tema porque te sientes de una forma en ciertas situaciones y de otra completamente distinta si es que lo piensas en otro contexto. No sé realmente cómo sentirme al respecto pero bueno.
Esta semana me dijeron que era como una adicta. Me siento como una adicta. Dije que no vería las medias de las notas y traté de resistirme a sentirme mal por eso pero el jueves no pude. Simplemente colapsé por mis notas. La falta de sueño claramente me afecta y hacer un horario de 7am a 8.30pm no es una gran idea. Así que habiendo dormido únicamente tres horas y sintiéndome más cansada que cualquier otro día, llegaron las seis de la tarde y solo quería dormir.
Me acordé del examen de Laboral, ¿por qué no marqué lo que sabía? Me pasó que suelo leer las preguntas de VoF y solo marcarlas si estoy completamente segura pero escribir lo primero que se me viene a la mente al costado. Entonces al terminar de hacer las de resolver olvidé marcar las de arriba y morí lentamente cuando lo recordé. Sé que un quince no es una mala nota pero me sentí estúpida. Recoger el examen y ver que tienes el puntaje completo en las preguntas para escribir (que no esperabas pero igual) tampoco me hace sentir mejor.
Colapsé también porque recordé que la nota de participación en el curso con el tema que menos me gusta es 20% y que no hablé en todo el ciclo porque lo único que puedo pensar en esas tres horas (usualmente sin break) es: ¿cómo a alguien le puede interesar esto? y no me nace cuestionar nada ni pensar mucho entonces no hablo. Como tampoco creo que soy un loro que repite conceptos, las preguntas dirigidas a ese tipo de respuestas son simplemente rechazadas por mi cerebro y ni me digno en levantar la mano.
Me sentía aún peor cuando recordé lo de la práctica dirigida. Como sabes, sueles sentarte con una pierna encima de la silla (aún no estoy segura de si debas cambiar eso o no, ya lo pensaré luego). Entonces, la profesora me hizo una pregunta porque pensaba que estaba distraída y no había entendido nada. Lo sé porque yo sabía en ese momento que tenía exactamente la cara de Notengoideadequécursoeséste aunque en realidad estaba presente no sólo en cuerpo. Como respondí bien, continuó: ¿Tienes algo en la pierna?. Yo sólo sonreí y le dije que no. Entonces ella se rió y dijo "Como te veo sentada así..." con un tono burlón que me hizo sonrojar e hizo que todos se rieran con ella. Y no moví mi pierna. Hasta que se le ocurrió decir "Es que antes se enseñaba algo que se llama... ¿cómo se llama?... Ah, modales" y siguió su clase.
Y morí por dentro, bajé mi pierna y me sentí irrespetuosa. Me sentí tan mal, y me sentí peor por saber que eso era una tontería pero igual me afectaba. Me sentí triste porque el respeto es uno de los valores que ya he definido desde hace mucho tiempo como uno que no puede faltar (junto a la honestidad, esos dos son fijos) y, a su parecer, yo estaba siendo irrespetuosa. Nunca nadie me dijo nada: ni mis amigos o profesores y me sentí traicionada porque aparentemente había sido una irrespetuosa todo este tiempo y no lo sabía. ¡Pero es una tontería! - me gritaba Cristina. Pero Claudia quería llorar y no sabía por qué se hacía todo un enredo por un simple comentario de alguien que no se encuentra en la lista de personas relevantes en mi vida y que, por ende, no debería afectarme pero eres así y te importa. Te importa porque piensas que no te conocías entonces y que no fuiste quien pensabas que eras.
Hasta que me di cuenta de que la misma persona a la que le parezco irrespetuosa a mí me parece irrespetuosa. No le importa que estemos en clase, si debe responder su celular lo hace. Y eso a mí me parece de lo peor pero a ella no. Y como ves, tenemos distintos conceptos de respeto porque ni la veo sentir un poco de malestar por andar respondiendo mientras la miramos pensando en que en lugar de verla responder su llamada podríamos estar disfrutando el día fuera del salón...
Sobre lo de ser adicta, bueno, tampoco era una palabra descabellada. Es que esa persona me explicó que al inicio estuve súper animada, decidida a cambiar y dejar los malos hábitos. Nada podía vencerme, soy lo que quiero ser y mil cosas más, etcétera. Pero llegan las recaídas y estas suelen ser fuertes. En mí aparentemente mucho más porque me encontraba sentada en una mesa del comedor, con toda la gente alrededor, a punto de llorar por la recaída y a abrazar mi odio por la facultad.
Pero de pronto, comenzamos (o comenzó, no lo recuerdo bien) a analizarlo como una de esas relaciones amorosas en las que la tortura es el punto de partida. Te quiero así que no quiero que te vayas aunque me haces daño. Pero… te quiero así que no quiero que te vayas. Y uno se queja con los demás así que todos aconsejan que lo dejes pero no quieres/puedes. Lo mismo con Derecho, nos quejamos y como siempre, salta la creativa sugerencia: ¡Entonces cámbiate! Y sólo te dan ganas de cachetear a esa persona porque pasaste media hora diciéndole todos los contras pero sólo tú sabes que hay algo más que te engancha a seguir ahí, que quizás no está claro pero que sabes que está (o quieres creerlo, al menos). Te quiero así que no me quiero ir.
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