domingo, 25 de mayo de 2014

Oh, ¡control sorpresa!

Me encantaría escribir una poesía o algo similar a mis controles sorpresa. Poder expresarles el amor que les tengo con unas encantadoras líneas con rimas no tan primariosas pero lamentablemente a mí lo de hacer esas cosas no me sale bien así que mejor con lo que me acomoda.

Sé que cuando termine la carrera, miraré atrás y diré: Me sacaban la mierda en la universidad :)
Seré feliz luego de todo el esfuerzo porque por fin acabé y todavía me quedarán diez mil años más para estudiar la especialización. ¡Qué alegría para más inmensa! 

Bueno, el punto es que hoy me sentí como inspirada a escribirme sobre los controles sorpresa. Me llegó un mensaje para confirmar mi asistencia a un versus entre dos profesores, uno que está en contra y otro que está a favor. Claramente no faltaré pero antes de ir sí me gustaría escribir un poquito. Quizás luego de escucharlos cambie un poco de opinión pero es mejor tener lo que pensé sin alguna contaminación. 

Aunque no lo parezca, varias veces los controles no fueron tan sorpresa. He tenido profesores que fueron piadosos y trataron de avisarnos cuándo sería el examen con un "LEAN para la clase porque PODRÁ haber un CONTROL o no". Era obvio que teníamos que estudiar. El problema es cuando realmente el factor sorpresa está muy presente, demasiado para mi gusto. Tan presente que hasta se convierte en desconcierto, extrañeza, confusión, susto, etcétera. El último miércoles me pasó eso. Juraba que no tomaría un examen, leí como de costumbre, una hojeada por aquí, el tema principal es éste, la clase será interesante, participaré un rato y ya. De pronto, el asistente con una gran sonrisa entró con un sobre amarillo (sí, esos que deberían extinguirse de la faz de la tierra) para entregarnos unas hojas que hasta se pensó podrían ser una especie de guía de clase (de esas que jamás nos entregaron pero esperanza en ese momento había para cualquiera). El asombro era real, no sólo para mí sino para la gran parte de la clase que se quedó mirando el examen como si fuera una clase de broma lo que hacían. Hasta que la resignación nos invadió y respondimos lo que podíamos. 

Las evaluaciones de esta forma tienen un claro propósito: mantener al alumno leyendo constantemente. A quién no le gustaría que todos sepan de qué hablaré hoy, que participen, les agrade el tema, tengan curiosidad, nos unamos en esta parte del Derecho que me apasiona y por lo que me convertí en profesor (espero). Pero no sucede así pues, la realidad es otra. Tener controles sorpresa es como ser paranoico y pensar que moriré por cualquier cosa este preciso día o mañana o pasado, pero moriré y tengo miedo. Hasta que llega el momento y mueres. Es una tensión tal que ni siquiera puedes concentrarte muchas veces en las clases anteriores a la del posible control. Claro, esto sucede si no has estudiado bien. Si leíste todo y memorizaste lo que debías puedes relajarte y ser feliz. Qué bonita sería la vida si esto último fuera lo que sucediera la mayoría de las veces. Pero bueno, soñar no cuesta nada. Lo cierto es que probablemente tengas dos cursos el mismo día en los que los profesores tengan controles sorpresa como método de evaluación y que sea una tortura levantarte para ir a ambos o, mejor dicho, no dormir para estudiar para ambos y no salir mal.

Ahora, si no hay controles sorpresa las personas no leerían para las clases. La truth es la truth. Dejarían hasta el último minuto lo que deben hacer para el examen que fue programado y avisado con días, semanas o meses de anticipación. Así es el ser humano. Las personas irían a la clase sin tener idea de lo que se hablará. El objetivo de la clase que es complementar la lectura no se cumpliría jamás porque el profesor daría una charla con intervenciones dirigidas únicamente a calmar una curiosidad random de alguien, hacer sentir no-tan-mal al profesor, tener puntos por hablar (o repetir "creativamente" lo que la anterior persona dijo) o que el alumno que pregunta no se duerma en plena explicación. Y si no tomaran lista, dudo que las personas se aparecerían por el aula a más de la mitad de las clases...

A pesar de todo, yo no creo que los exámenes sorpresa sean tan malos. Para mí, depende de la evaluación que tomen. Yo creo que estos controles apuntan a que el alumno vaya leyendo a clase, por ende, lo que debe saber claramente no está en la línea 4 del párrafo 8 de la página 134 del autor Escribirédifícil Porqueninacesperoteodio. Obviamente debe saber cuál es el tema y los puntos importantes. Las evaluaciones deben dirigirse a eso simplemente. No a memorizar las catorce líneas de un procedimiento que para la clase siguiente no recordará (estoesreal). Y si me preguntan lo relevante en mis palabras, cómo no lo sabré en lo que queda del ciclo *al menos*. Imposible no recordarlo. El alumno que conoce, participa y no dice cualquier cosa. La clase hasta es divertida porque leí algo, lo sé, puedo preguntar sobre lo que no me quedó claro o simplemente calmar una duda interna relacionada con el tema. Claro que si el profesor va a repetir enteramente lo que dicen mis lecturas sin siquiera agregar algo moriré lentamente mientras pasan los minutos, comienzo a tener arrugas y se me va la vida sentada escuchándolo. Pero ese es otro tema.

En el supuesto caso de que los controles sean como el examen soñado (*:*) en el que evalúan lo que realmente debe saberse, el terror sería muchísimo menor. A mí hasta me agradaba leer para las clases con estos controles, uno sabe que no saldrá mal si lee lo que debe. Me encantaría, sin embargo, la vida no es color de rosa y los controles sorpresa tampoco así que el alumno debe la mayoría de veces sufrir. Si te da el tiempo y eres de los afortunados con una memoria que recuerda hasta los pies de página, bendito seas. Si tienes tiempo y eres como yo, de los que odian a su inútil memoria porque estudiaron pero a la hora del examen la estúpida no quiere funcionar pues te queda resignarte a decir toda la vida: Que sea lo que mi memoria quiera. 

En fin, es el momento de estudiar para uno de esos controles a los que tantos amo porque el mañana es incierto (al igual que mis notas últimamente) y la noche aún es joven. 

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