Verano lleno de agua caliente y pastillas para la tos.
Los días se han pasado volando como los peces que se apuran a beber en el río. Desde el 20 de diciembre las cosas comienzan a ponerse extrañas y pierde la noción del tiempo. No sabe en qué día o fecha se encuentra, parece que todos quieren ser sábado. Este año sí que fue algo extremo en su caso pero verdaderamente no me sorprende de ella.
El treinta y uno de diciembre se ha reído de sí misma (nuevamente). Su mamá ha llamado en la mañana para decirle que su tío cenaría con ellos esa noche y que tenía que salir a comprar chancho para que lo prepare. Ha pasado que, en fechas en las que todos se esfuerzan por ser Gastón Acurio, su madre se ríe de las convenciones y decide hacer algo distinto. Este año, la comodidad le dio pase a que la pizza sea la protagonista de la cena de Navidad. Ohsi. A ella le ha fascinado la idea. El hecho de que preparen pavo implica que, por lo menos, estará comiéndolo un par de días más. El conocimiento de su madre sobre la variedad de platos que pueden prepararse con este ingrediente es bastante reducida así que es imaginable lo que sucede en su casa después de estas fechas. Ella ha estado tan sorprendida de que su mamá decidiera lucirse con la cena de esa noche que no lo ha podido creer. ¿Para qué alguien se esforzaría tanto en la cena de un día normal?. Que su hermana le diga que al día siguiente era 2013 ha sido como una cachetada. Una bien fuerte. Increíblemente ha pasado los días sin contarlos.
Cuando uno está concentrado en hacer de cada pedazo de tiempo que posee en hacer cosas distintas lo importante no es saber cuántos días pasan sino lo mucho que se los ha disfrutado.