En exactamente cinco días te tienes que ir de Sevilla.
Hoy rompiste tu récord de días sin llorar: ya ibas tres semanas.
Tengo una mezcla de sensaciones completamente extraña. Sé que dije rotundamente que no me quería ir de aquí pero últimamente tengo recuerdos que vienen a mi memoria, me ponen feliz y me hacen querer regresar pero no sé. De repente es que ya estoy asimilando que me tengo que ir, quién sabe.
Jamás pensé enamorarme tanto de una ciudad. No sólo me ha agradado la estadía sino que es realmente hermosa, todos deberíamos tener la oportunidad de conocerla al menos una vez en nuestra vida. Antonio Gala dijo muy acertadamente "Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo... lo peor es que puede que tengan razón". Me gusta que no sea una ciudad tan grande como para angustiarte de lo caótica, ni tan pequeña como para aburrirte de lo tranquila que puede ser. No es que sea la única ciudad que me encante tampoco, mi Perú es muy bonito. Por donde lo mires tiene mil cosas hermosas pero debe ser que la sorpresa que me tenía guardada Sevilla me impactó y ha calado mucho más en mí que cualquier otro lugar. Nunca busqué fotos ni estuve informada de a dónde vendría así que ha sido muy grato encontrarme con estas calles.
Me tardaría muchísimo en describir cada uno de los lugares que he visto aquí. Cada pequeño rincón con su imprescindible balcón y flores encantan a cualquiera. Tiene un color especial, eso es más que seguro. Aún me queda por ver un par de lugares a los que muero por ir desde el inicio pero lo urgente no ha dejado tiempo. Por suerte tengo varios días para contemplar los atardeceres desde diferentes puntos.
Tus clases han terminado hace ya varias semanas y ha comenzado la etapa difícil: despedirse.
Tengo que decirle adiós a mi cuarto, a mi piso, a las calles, a la universidad, los lugares, etc. Pero sobretodo, duele decirle adiós a los amigos. No soy de las personas que se encariñan rápidamente con los demás, de hecho suelo desconfiar al inicio. Creo que evita muchas decepciones en esta corta vida (noté hace poco que aunque fueran 100 años no me alcanzarán para hacer todo lo que quisiera). Sin embargo, cuando personas que hace unos meses eran completamente desconocidos se convierten en tu familia no es tan fácil dar el último abrazo. A pesar de todo, me sigo negando a decirle propiamente el último porque sé que los volveré a encontrar. Saben que tengo una casa en sus países y que tienen una en Perú o donde sea que yo me encuentre. Son todos más que bienvenidos, sobre todo si quieren hacer un viajecito por ahí. Siempre es bueno una escapada.
Dejaré de ponerme un poco triste e iré a seguir disfrutando de lo que queda.
Por siempre, gracias Sevilla.