miércoles, 7 de enero de 2015

La experiencia

Siendo las 12:05 a.m. del viernes 19 de diciembre he decidido desahogarme.
Sé que esto es bastante creepy (incluso para mí) pero es necesario.
También se debe a un capítulo de Los Simpsom que vi ayer en que Michelle Obama visita a Lisa por ser una buena alumna. Mis hermanos se encargaron de recalcar que así lloro por mis notas. La pobre recibió una F y obviamente era una equivocación pues finalmente tuvo A+++ (sí, +++).

Como me gusta la tortura, revisé mis notas en vista de que recibí la de un final en el que honestamente no esperaba salir tan bien pero tampoco tan bajo. No sé si me ha tomado por sorpresa realmente, sigo pensándolo. En fin, me puse a ver qué había pasado este ciclo. Las únicas notas que tengo de éste son B y C. Ok, calm down. Todo tiene una explicación. Lamentablemente (para ella) mi hermana estaba a mi lado y decidí explicarle el por qué de cada una de mis notas. Como si eso fuese relevante para su vida pero bueno. Debe ser por eso que la quiero tanto, me escucha incluso cuando sé que quisiera que yo dejara de hablar. 

Cuando le conté sobre un 14 (sí, soy una traumadita), dijo bromeando: "Ah, esto sienten los que sacan buena nota cuando tienen un catorce!" Jajaja. Sí, bueno, así se siente. Le comencé a contar sobre mis notas en el curso que más me gustaba: Tributario. Futura tributarista en un universo paralelo, yalavi. 

Le pregunté si le parecía bien que la nota de prácticas, controles y la de participación tuvieran el mismo valor para el puntaje final. ¿Realmente hablar en clase debe valer lo mismo que el haber entendido los conceptos? Me dijo que no. Claramente no lo dijo solo para contentarme porque no me contesta con ese propósito casi nunca (por no decir nunca). Y además había que tener en cuenta la actitud de quien enseñaba el curso. La misma bipolaridad experimentada cuando llevé impro la vivía allí todos los jueves. Quien enseñaba es una excelente profesora cuando se trata de simplificar los temas. Con esto me refiero a que hace bastante sencillo entenderlos no que les quita importancia. Sin embargo, a pesar de que antes creía que era lo más importante en un docente, este ciclo aprendí que no. 

Se necesita además tacto para tratar a las personas. Yo, como es obvio para quienes me conocen, podría dar todo un seminario sobre esto (#SarcasmModeOn). Está bien, sé que no soy tan buena cuando se trata de primeras reacciones pero incluso a mí me parecía un poco extrema su actitud. Y eso que no suelo ser la amabilidad en persona... No por nada se encargaron de repetirme que era como una pequeña versión de ella. 

Es una mala combinación de una increíble rapidez entre la conexión de micerebro y mismúsculosfaciales y, de mi cerebro y mi boca que no dejan que mienta. No puedo evitarlo (bueno, quizás sí pero con mucha práctica). Como ya te he explicado, hasta ahora no puedes eludir que tu cara hable antes que tú. A veces que tú hables antes que tú.  Sí, ella también hacía la misma cara de "Cada día la estupidez humana me sorprende más y más" con algunas preguntas. No puedo dejar de reconocer que incluso yo puse esa cara cuando escuché ciertas cosas pero creo que el docente que está al frente tiene una relación distinta con un alumno así que al menos eso debería mejorarse con algún curso de "Cómo ser profesor y no morir ni matar a tus alumnos en el intento".

No fueron pocas las veces en que esta mirada se hacía presente en clase. Tampoco lo fueron los tonos que la ejemplificaban. Ese tono que en lugar de ir diciendo la respuesta, avanzaba con un "Mira, haremos esto como 'Tributario para dummies' en vista de tu habilidad con el tema". No puedo decir que no sonreí en algunas ocasiones. La maldad me invadía a las 7.30 de la mañana, más aún cuando solo había dormido tres horas. Qué podía hacer, me salían naturalmente algunas de esas sonrisas.

Ya para acabar el ciclo, supongo que se dio cuenta de lo obvio: Casi todos jalarían la nota de participación. Considerando que es un 20% del promedio final y tomando en cuenta que no eran muchos quienes sí habían entendido la clase, decidió aumentar su generosidad poniendo más puntos a quienes intervinieran más. Y ese fue el inicio de la desgracia. El primer jueves creo que fue el peor. Intervenciones por todos lados. Casi todas sin sentido alguno, cosas repetitivas, preguntas que encontraban respuesta leyendo el código, dudas existenciales, repeticiones de lo que ya se había dicho, etcétera. Yo me quería matar. Len-ta-men-te. Decidí que salir a tomar un café y a conversar un rato afuera del salón era lo mejor para mi salud mental. Hasta que regresaba al salón and all over again. Era capaz de cortarme los brazos en frente suyo solo para que parara ese dolor. No lo hice solo por amor propio pero es que era demasiado. Y no participé. Uno podía ver la cara de desesperación de las personas porque ya no sabían qué decir solo para tener puntos en ese recuadro. Yo ya no podía más. El apoyo que brindaba hacía que yo me quisiera matar en pleno salón. El ser humano puede llegar a ciertos extremos aun desconocidos para mí.

Finalmente he terminado los cursos que más amé este ciclo (sí, claro) con una nota regular que ni refleja cómo me fue durante todo el período porque los exámenes finales los di como si no tuvieran relevancia alguna. Una de las clases de tortura inventadas por mi profesor es que el examen durara tres horas. De estas, una y media estaban calculadas para leer el contrato en base al cual debíamos resolver las preguntas. Realmente yo me dormí. Mis ojos pasaban por las palabras en frente de mí pero no leía nada. Fue lo más aburrido que hice en mucho tiempo. Por qué? Por qué me metí con este profesor? Por qué me gusta torturarme así?  Ay, ya pasaron dos horas. Creo que mejor comienzo a redactar... Y así terminé el examen. ¡Por fin se terminó! Soy la mujer más feliz del mundo. Tome, gracias. Crucé la puerta del aula y fui libre.

No voy a ser mamá.

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